miércoles, 29 de agosto de 2012
Los gemelos fantásticos
Pepe y Ramos no son Zan y Janya y, por tanto, no pueden transformarse a voluntad en múltiples formas de agua o en cualquier animal del universo, respectivamente, ni suelen ser vistos chocando sus puños al grito de ¡Poderes de los gemelos fantásticos actívense! Tampoco hay pruebas hasta el momento de que puedan comunicarse telepáticamente, aunque bien valdría un estudio sobre el caso. Más allá de esos minúsculos detalles, y de que su lugar de procedencia sea la Tierra hasta que la ciencia lo desvirtue, la humana forma de sus orejas y su color de piel, los dos centrales del Madrid guardan mucha relación con los dos superhéroes de fabuloso universo de DC Comics.
Tal como Zan y Janya, es difícil encontrar dos centrales, personas en el caso de los dos extraterrestres, tan parecidos y distintos a la vez, tan complementarios desde la similitud casi extrema del concepto futbolístico que enmarca su juego, no sólo en la actualidad sino en la historia. Pepe y Ramos, la pareja de centrales que permite tirar la línea defensiva a alturas irreales, que corrige posicional y técnicamente hasta la más liviana de las imperfecciones, y que detiene cualquier apoyo y ruptura por imposición tiránica.
Pepe y Ramos son hoy más que una pareja de centrales, son una unidad, un sello, una marca registrada. Y son un acontecimiento histórico alimentado por el más histórico de los archienemigos. Lionel Messi se viste de supervillano en el cómic de los gemelos fantásticos del Real Madrid en una perfecta escena de antagonismo entre el defensa, Pepe-Ramos, que más lejos llega a defender y el delantero, Messi, que es capaz de atacar desde la mayor distancia.
Messi contará con su 'asistente', Alexis, que de '9' es dinamita para el sistema defensivo propuesto por el legendario central, mientras que los blancos no podrán tener entre sus filas a su Gleek particular, Coentrao (¡Quién llevará a Pepe en el cubo mientras vuela a lomos de Ramos!). En su lugar estará Marcelo, totalmente desentendido del duelo indirecto. Messi tendrá esa ventaja, pero habrá que ver en qué se convertirán los gemelos fantásticos, quiénes una vez pudieron vencer hasta a Superman.
martes, 28 de agosto de 2012
El pequeño Ronaldo
Tampoco hay que engañarnos. Ronaldo, el fenómeno, es único. Era un elegido del fútbol, sin más. Muriel no es eso, ni lo será nunca porque le hace falta talento, le hace técnica y le hace falta la anatomía ultrahumana del brasileño; Sin embargo, no hay jugador al que se le parezca más, ni delantero actual que más parecido sea a Ronaldo.
Muriel es el pequeño Ronaldo cuando cae a banda, recibe de cara y mide el regate dando pequeños pasos sobre el mismo lugar, como felino esperando el momento justo para atacar a su presa. Lo es cuando se desmarca en una ruptura de aspavientos y gritos ahogados, de todo o nada, de gol o error. También lo es cuando se frena y gira, cuando desacelera para cambiar de dirección y dejar defensas tirados, como en aquel gol a Francia, o cuando hace bicicletas y elásticas ya sea en velocidad o en estático. Su lenguaje corporal recuerda al que seguro es su ídolo, pues el delantero del Udinese hace parte de esa generación que vivió a Ronaldo desde la ingenuidad de la infancia, y su fisionomía también. Se parece a Ronaldo hasta cuando sonríe, aunque no tiene el carisma de el mejor '9' de la historia.
'Ronaldito' tiene gol. Tiene esa magia en el área, dónde se transforma y se convierte en un ser imaginativo, genial y certero, que distingue desde la distancia al brasileño. Luis Fernando aún no tiene la constancia del crack, vive de la inspiración, aunque cada día suma más matices a su fútbol. Tiene 21 años solamente, una bendición: El mundo del fútbol necesita a Ronaldo, aunque sea en imitaciones.
sábado, 25 de agosto de 2012
La escuela de la tortuga
Si se hiciera una encuesta entre todos los varones de
la generación Y, compuesta por todos aquellos nacidos entre 1982 y 1995, preguntando por los programas de
televisión que marcaron su infancia, una gran mayoría incluiría a Dragon Ball,
y sus derivados, en el top de la lista. La serie narraba las aventuras de Gokú,
un niño con poderes sobrehumanos, amante de las artes marciales y que
acompañado por sus inseparables amigos exploraba el mundo buscando artilugios
mágicos llamados “Dragon Balls”. Dentro de su travesía, Gokú encontraría
multitud de enemigos que, o bien querían las Dragon Balls para fines malvados,
o buscaban la dominación del mundo, la galaxia o el universo. Para hacer frente
a todos esos desafíos Gokú debía entrenarse constantemente con los más grandes
maestros de artes marciales del universo, y su primer maestro fue Muten Roshi,
de la escuela de la tortuga.
Hoy, en una realidad distinta a la del mundo de
Dragon Ball y sus tortugas y dragones parlantes, existe una nueva escuela de la
tortuga. Lejos de ser un estilo de artes marciales, la escuela de la tortuga de
la que hablo es un equipo de fútbol, que juega en la Liga BBVA y esta semana
debutó en Europa buscando un lugar en los grupos de la prestigiosa Champions
League. El Málaga FC, ya sin el liderazgo institucional de un rey midas, sino
de un jeque cuerdo y de bolsillo corto, y sólo movido por la batuta
futbolística de Manuel Pellegrini y sus futbolistas, vive momentos críticos
mientras lucha por no morir institucional y de seguir creciendo deportivamente
con un equipo imperfecto, en el que niños tienen que suplir los lugares que
hombres dejaron, ya sea porque se fueron o porque nunca llegaron.
En ese contexto asoma la figura imperial Jérémy
Toulalan, el mediocentro con caparazón. El francés, que es el mejor jugador del
Málaga, recuerda con su carismático lenguaje corporal, a juego con sus ya
famosas canas, al Maestro de Gokú que siempre andaba con un caparazón en la
espalda. Toulalan, a diferencia del mítico centrojás de andar erguido, juega encorvado,
casi dando el aspecto de estar cansado desde el minuto 1. A pesar de ello, Jérémy, caparazón
invisible en la espalda, vuela para cubrir los huecos que los niños del Málaga,
y el adulto cansado con alma de duende y corazón de niño, dejan. Como una
barrera infranqueable, que está en todos lados y contra la que todos chocan,
Toulalan recupera balones en el centro del campo, finiquita ataques rivales, a
veces con sólo posicionarse y mirar, y le da empaque y seriedad a un equipo que
juega bien, es vistoso, pero no asusta a contrarios en su área, sino que asusta
a aficionados en la propia, Willy Caballero aparte.
Desde luego, Jérémy no es sólo el gran argumento
defensivo de su equipo, sino que es uno más dentro del barroco juego que
propone Pellegrini, en el que quién tiene la pelota piensa mientras se mueve
“lento”, y todos los demás se mueven muy rápido. El exLyon agarra la pelota y
decide con ella, es hombre activo de la circulación sinfín de los blanquiazules
y es, sobre todo, la figura que los junta a todos.
El Málaga de la escuela de la tortuga ha ganado en
los dos partidos que ha jugado hasta la fecha. Los niños Francisco Román,
Francisco, Diego, Fabrice, Juan Miguel, Ignacio y Joaquín juegan y viven
felices con sus espaldas cubiertas, sabiendo que Toulalan siempre estará allí.
Los problemas de gol y profundidad, causados por no tener un 9 de verdad, los
van a alejar de objetivos superiores. Pero ahí están. Juegan.
jueves, 5 de julio de 2012
España soberbia
Los odio porque se han robado lo que más quiero. Han
secuestrado el fútbol, le han quitado azar y han terminado desafiando todo lo
escrito en los últimos 100 años sobre este deporte. Da igual que en la final
hayan practicado mucho mejor fútbol de lo que han hecho en los últimos cuatro
años. Da igual que jugaran partidos terribles durantes años, llevando lo
ilógico y antinatural al extremo, porque ganaban siempre. Odio el fútbol de la
España de Del Bosque, que no de la de Aragonés, porque convierte en falsa la
máxima que hace de este deporte bello, justo y poético. Aunque suene irónico
decirlo después de su mejor partido, la España de Vicente nos lleva cuatro años
diciendo que al fútbol no gana el que mejor juegue.
La soberbia es una virtud elevada, contrario a lo que
se piensa hoy día. El ser soberbio es un convencido de sus virtudes, conoce sus
defectos y es lo suficientemente inteligente para aceptar ambos y sacar
provecho de los primeros, y esconder los segundos. España es un equipo
soberbio, que no de juego soberbio, el cual sólo se vio en pocas oportunidades
en la era Del Bosque, lo cual no es malo. Si la soberbia es virtud elevada del
ser humano, también lo es, por consiguiente, para los jugadores y los equipos
de fútbol. Todos los grandes equipos de la historia han sido soberbios, todos
los grandes jugadores lo son y lo han sido. Para ser el mejor es necesario.
España llevó el concepto más allá y, desde mi punto de vista, subjetivo y
profundamente idealista, rompió los límites que la esfera fútbol había puesto
como especie de “check and balance”
auto-regulador que controlaba sus vicios y potenciaba sus colosales
virtudes.
Si bien es cierto que la Euro 2012 enfrentó en la
final a, seguramente, los dos mejores equipos del torneo, y visto así, el
triunfo de España no es nada transgresor de esa burbuja autoreguladora, el tema
en realidad va mucho más allá. Así España hubiese jugador un partido calcado a
su francamente mala actuación ante Croacia, hubieran ganado. Lo hubieran hecho,
incluso, aunque Pirlo y Cassano hubieran rejuvenecido a 2004 o 2005. Es la
misma historia de siempre. Desde el pitido final en 2008, España es soberbia,
y, gracias a lo hecho por Pep Guardiola, Florentino Pérez y José Mourinho, sus
jugadores han llegado a convertir esa virtud en una tiranía. Todos caen
subyugados ante España más allá de que juegue mal, bien o brillantemente porque
en la mente de los españoles está, reconocido como un hecho inapelable, que son
no sólo mejores, sino superiores, y en la mente de los rivales esa superioridad
también es notoria. Desde 2008 a 2012, España, o alguno de sus clubes, han
ganado prácticamente todo. Su bloque fuerte está conformado por jugadores del
mejor equipo de la historia, y de jugadores que han tenido la misión de luchar
contra los mejores… Y han ganado algunas veces. Son super soldados
acostumbrados a un grado de competitividad sin parangón, al menos en la
historia de este deporte, desconozco en los otros, aunque me costaría creer que
hay símil.
Analizar futbolísticamente a España es innecesario,
improcedente y absurdo. Durantes años jugaron un fútbol de problemas endémicos
que harían sonrojar a cualquier entrenador… Pero ganaron. Hoy ya ni siquiera
está la excusa de la posesión interminable como método todopoderoso que los
hacía invencibles. A Italia la humillaron sin ella. España no se entiende desde
el fútbol porque los de Del Bosque han llevado este deporte a otra esfera,
mucho más humana, es decir, a una esfera llena de miedo, duda, inseguridad y
falta de convicción. En España esos conceptos son ajenos, extraños,
inexistentes. Están por fuera y por encima de ello. Mientras los demás equipos
se convierten en fieles copias de Clark Kent, España es Superman y ahí no hay
color.
El fútbol nouscentrico, aquel que basa su poder en la
mente humana y el control y desarrollo de las emociones, en lugar de aparatos
futbolísticos convencionales pertenecientes al mundo ideal, esa esfera
autoreguladora, ya existía. España ha hecho de él una tiranía legendaria, entre
otras cosas, porque con este equipo pasa que, aunque vestidos de rojo no lo
demuestren muchas veces, aquello que en sus mentes se dibuja es cierto: Son los
mejores.
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