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domingo, 25 de julio de 2010

Sublimar la percepción

Dice Enric González que “ninguna victoria es tan bella como un buen fracaso”, cierto, pero incompleto. Enric, gran escritor y contador de historias, olvida que, además, no hay nada más bello que el fracaso de un coloso, ni siquiera el triunfo de un pequeño. Mientras la victoria engrandece el alma, la derrota la trasluce y la vuele más humana, más terrenal.


Lo ocurrido hoy en Port Elizabeth fue inesperado, y tremendamente bello. La alegría holandesa al final del partido, quizá y sólo quizá, puede ser considerada justicia poética, como las derrotas de Italia y Francia, y las victorias de Argentina, pero la tragedia brasilera evoca los sentimientos más profundos de humanidad que, aquellos que sentimos este deporte como sangre en las venas, podamos sentir. Estética pura. Eso fue lo que representó Brasil en la Copa Mundo. Y que no se confunda, estética desde el significado filosófico, que es el más bello que pueda haber.

Y lo más trágico de todo es que Brasil, el coloso más colosal del planeta fútbol, era bellísimo. Brasil destilaba belleza. Ese ritmo lento adormecía los sentidos y levantaba las sensaciones, sublimaba la percepción y el subconsciente. Brasil es inspiración colectiva y, ateniéndonos al ensayo sobre lenguaje y fútbol de Pier Paolo Pasolini, tendríamos que decir que Brasil es la prosa de Milan Kundera. Brasil es Kundera, y Kundera es la manta que abruma el intelecto y exalta el grado más alto de sensibilidad. Brasil también es Shine On You Crazy Diamond de Pink Floyd, y Brasil es la definición futbolística del último álbum de Jorge Drexler, Amar la Trama. A Brasil no le importaban los goles, sabían que al final siempre llegaban, a Brasil le importaba la sensación previa.

Pero, sobre todas las cosas, Brasil es Robinho. Tratar de explicar este Brasil sin mencionar a Robinho es como describir a la Argentina y no hablar de fútbol. Lo segundo puede explicar el resto por sí solo, pero el resto no puede hacerlo sin ello. Robinho es sublime. Cada pase, cada pausa, cada paso, cada toque es un control de los espacios, es la respuesta a un estímulo y la creación de una sensación. Para quien escribe, Robinho es huracán de percepciones ¿Qué va a hacer? ¿Qué hizo? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Con qué sentido? ¿Hacia dónde va? ¿Qué dirección tomará? Se dibujan en mi mente en los instantes en que el brasilero aparece en la pantalla y, al final de la jugada, siempre, siempre sonrío porque Robinho es único. Seguro Cruyff se refería a eso cuando decía aquello de “gallina de piel”.

Es quizá por eso, por Robinho, que Brasil me gustó tanto, me transmitió tanto. Por allá en 2007 cuando Dunga ganaba la Copa América, Brasil no me gustaba. Hace un año cuando ganó la Copa Confedereaciones, Brasil tampoco me gustaba. Era la Brasil de Dunga, un gran equipo, pero no me llenaba la vena estética. La Brasil de Sudáfrica fue más la Brasil de Robinho y menos la Brasil de Dunga. No estuvieron Ronaldinho, ni Hernanes, ni Marcelo, pero qué más da ahora. Estuvo Robinho, y Robinho fue amo y señor de la pelota. Eso siempre se agradece.

Se va Brasil y se va Robinho. También se va Dunga. El gran campeón jugó un fútbol muy bello, y perdió con el campeón sin corona que jugó horrible. Ironías del fútbol que mientras termino de escribir esto regala un final de infarto a Uruguay, por aquello de que con Francescoli no pasó, y le hace pasar un trago amargo a Ghana qué también fue una prosa muy bien escrita. Se fue Brasil. Hay “Saudade”. El mundial continua, pero este día difícilmente puede ser superado en belleza y contenido épico.

Dominio total


Confieso que el mejor equipo que he podido ver es la selección Brasil que participó en la Copa Mundial de Fútbol de España 1982, y que se fue eliminada tras perder el triangular, posterior a la primera fase, en el que se enfrentó a la Argentina de Menotti, a la cual ganó, y a la Italia de Bearzot, a la postre campeona del mundo, que los venció 3-2 en uno de los partidos de mayor calidad y más bonitos de la historia del fútbol.


Brasil 82’ derrochaba fútbol en cada una de sus líneas y movimientos, y, además eran bonitos. Eran técnica, física y tácticamente buenísimos, y literalmente barrían a todos los equipos que enfrentaban. Eran superiores a todos, lo sabían, y sólo dos fallos de concentración de un clase mundial como Júnior pudieron, sin restarle méritos al gran conjunto italiano del 82’, arrebatarles un titulo que debió ser para ellos. Competir con la imagen mediática de Brasil 70’, sin haber sido campeones del mundo, ya habla lo suficientemente bien por aquel equipo de Telé Santana, pues eso es algo que ni siquiera “La Naranja Mecánica” logró.

Brasil modelo 2010 dista mucho de ser Brasil 82’, tampoco aspiran a serlo, empezando porque, por ejemplo, los puestos que hoy ocupan Bastos, Melo, Silva y Elano, pertenecieron a Júnior, Falcao, Cerezo y Sócrates en el mítico equipo, sin embargo, han pasado veintiocho años desde eso y la selección brasilera, por la que han pasado genios como Romario, Rivaldo, Ronaldo, Roberto Carlos o Ronaldinho, nunca se había sentido tan superior al resto, tan dominante, tan ama del partido.

Y Brasil, por encima de todo, es eso. El Brasil de Dunga es el dominio absoluto del partido. Hace un par de días escribí en Twitter que Brasil había venido a África de Safari con unos cuantos dardos somníferos y un par de dardos mortales. Creo que nunca una metáfora tan mala ha sido tan acertada a la realidad. Brasil duerme el partido, impone su ritmo lento, a veces muy lento, saca al rival del partido y, de repente, cuando menos lo esperas, sube el ritmo de forma violenta, pero sutil y suavizada por fútbol, y te marca uno, dos, tres goles o los que crean suficientes. El mensaje es claro: “Somos los mejores, somos los dueños del partido y hacemos con él lo que queremos”.


Soy el primero que crítica a Dunga por ponerse el mismo un límite demasiado bajo para que lo que podría dar Brasil. Jugadores como Marcelo, Hernanes, Diego, Pato, Ronaldinho, Ganso o Neymar le hubieran dado un límite a Brasil muchísimo más alto e igual de competitivo e igual de ganador. También soy el primero que aplaude su trabajo porque ha creado el mejor equipo del mundial, el único que ha demostrado empaque de campeón. Brasil es buenísimo táctica, técnica, física y futbolísticamente. Son superiores y así se portan en el campo cada vez que juegan. Ayer Chile, que también es una delicia futbolística, quedó eliminado y ni siquiera incomodó a la “verdeamarelha” que jugó un partido de campeón mundial. Brasil es caviar, Brasil es fútbol. Una delicia para quien quiera disfrutarla.

El plan es claro y bien ejecutado. Una defensa de cuatro técnica y físicamente potentes, preparados para salir desde atrás y para defender cualquier situación y cualquier futbolista, incluso Lionel Messi. La salida normalmente se da desde Maicon por la derecha, aunque no es la única opción. Lúcio, Felipe Melo y Michel Bastos ofrecen otras opciones válidas para Brasil, haciendo muy difícil que les compliquen en su propia mitad, tal y como intentó Costa de Marfil. La primera línea del mediocampo al ocupa el doble pivote Silva-Melo. Este último está cuajando un buen mundial, tanto con balón como sin él, mientras Silva se encuentra muy cómodo y abrigado por todo el sistema brasilero. Como interior derecho aparece Elano, quien abre el campo por derecha y aparece con más frecuencia en zona de aceleración, aprovechando el efecto “tracción” que genera la banda izquierda del equipo. Ese 4-3 le da a Brasil una coraza sólida como ninguna otra en el mundial y que permite que el trío de arriba pueda desplegar su fútbol.

Kaká y Robinho están haciendo un buen mundial, en el caso del jugador del Real Madrid, y un gran mundial en el caso del ex – merengue. Cuando la pelota llega a la banda izquierda de Brasil, el fútbol hace presencia. Robinho recibe, pausa, hace circular, aguanta la pelota, avanza, se desmarca, duerme y oxigena. Una y otra vez el rival cae ante la red de fútbol de Robinho y Kaká, y, entonces, se deciden a marcar, y la velocidad aumenta vertiginosamente, y a esa velocidad sólo ellos logran leer la jugada que termina irremediablemente en gol la mayoría de las veces. ¿Cuántos pases? Los justos ¿Cuántos regates? Los necesarios. Así avanza Brasil, y se suma Luis Fabiano para finalizar todo lo que producen las dos cracks. Y a veces se suma Elano, o Maicon, e incluso Lúcio sale disparado desde el área y se une a la fiesta. No importa cuántos sean, Brasil logra más peligro con Robinho-Kaká más Luis Fabiano que equipos que atacan con cinco y hasta con seis jugadores.


Y el resto es historia. Brasil no tiene huecos, no hay fisuras en su sistema. Defiende dónde quiere, ataca cuando quiere y llegas hasta dónde Brasil te deja. Arriba ganan siempre, por abajo también. Kaká y Robinho a las orillas en transición defensiva para el contrataque letal. Uno no logra imaginarse a Brasil perdiendo, y uno puede intuir que sólo España reencausada ó Lionel Messi podrían hacerle daño a este equipo.

Ayer jugó Alves y Brasil fue más agresivo, más vertical y más bonito. Si fuera Dunga apostaría por el jugador del Barcelona porque le da un techo más alto a Brasil, y porque le da más opciones en la base de la jugada a un Brasil que necesitaba más elaboración para ser más mortífera. Pasó ante Chile, una lástima, pero le sirvió a Brasil para dar un contundente golpe de efecto y España va a necesitar mejorar mucho para competir con eso.

Brasil es fútbol, y fútbol es el dominio total.