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lunes, 17 de septiembre de 2012

Mourinho for president




La situación previa al partido era una trinchera mediática. Mourinho, general, durante toda su carrera ha sido lo suficientemente listo para crear enemigos comunes y generar así unión, no sólo entre el grupo de jugadores y entrenadores, sino entre jugadores, cuerpo técnico, directivos y afición. La fórmula había sido repetida hasta la saciedad por el portugués, siempre con fantásticos resultado; Sin embargo, José, observador, atisbó que esta vez había algo diferente. No se trataba de los malos resultados, qué también, sino de las sensaciones producidas en las cuatro presentaciones en Liga. “No tenía equipo” y algo necesitaba hacerse. John F. Kennedy, quizás, se encontró a sí mismo en una situación familiar hace 50 años. Su solución fue una lapidaria frase que pesaría en la conciencia colectiva estadounidense por muchos años: “My fellow Americans, ask not what your country can do for you, ask what you can do for your country ”. Mourinho, parcialmente, optó por lo mismo.  Habló de compromiso, de determinación y de espíritu colectivo. En realidad se expresó sobre la falta de los mismos. En otras palabras, Mourinhó invitó a sus jugadores a preguntarse no lo que su equipo puede hacer por ellos, sino lo que ellos pueden hacer por su equipo. Lo hizo públicamente, además, como aviso de que la Guerra Fría 2012-13 había comenzado.

Más allá de los valores comunicativos, psicológicos y motivacionales, José también movió fichas en el campo. Su equipo no está pensando y, peor, no está haciendo pensar. Están acelerados, nublados y, además, les falta intensidad. Los malos resultados conllevan a la histeria y había que protegerse. Ante el City el portugués optó por alinear un inédito 4-3-3 que en realidad era un 4-5-1, asimilando lo que Alex Ferguson hacía cada vez que quería el control emocional del partido y derribar al rival desde amenazas que podían materializarse o no. Ferguson contaba con Cristiano Ronaldo y Mourinho también. Casillas; Arbeloa, Pepe, Ramos, Marcelo; Xabi, Khedira, Essien, Özil, Modric; Cristiano Ronaldo. A la Guerra se va con tanques.

El desarrolló del partido fue el previsto. Desde el triángulo del mediocampo y los dos falsos extremos, el Real Madrid bajó las pulsaciones de su ataque y se obligó a sí mismo a pensar más, a pesar de ser menos dañino. No lo necesitaba. Con Cristiano Ronaldo cubriendo todo el ancho del ataque y estando tan cerca del área, y por ello de la acción de gol, el rival entraba en pánico por todo lo que podría o no ocurrir, y como el discurso sopesado del Madrid no sólo exigía que ellos pensaran, sino que el rival también debía hacerlo, todo confluía para que el equipo de Mancini cayera en el error en cualquier momento. Así fueron ocurriendo cada una de las acciones de los goles que decantaron el partido a favor de la casa blanca. El Real Madrid del caparazón y los misiles, que se protege con el balón y amenaza con ojivas nucleares made in Madeira, no es el mejor Real Madrid, pero, para la guerra lenta que se ha de luchar contra la mente propia y ajena, es el mejor Real Madrid que podía alinear Mourinho en la situación de extrema crisis.

El 3-0 fue justo y lapidario; fresco y renovador. Fue un partido de ensueño. No, en serio, fue un partido, literalmente, de ensueño porque no ha ocurrido y quizás no ocurra, pero no hace falta desear ser Mourinho y decir que si yo fuese él haría esto mañana contra los citizens. Y digo que no hace falta porque, seguramente, Mourinho lo piensa y lo hará, aunque puede que no sea en nuestro universo y que les toque disfrutar a los de alguna de nuestras realidades paralelas.

miércoles, 29 de agosto de 2012

Los gemelos fantásticos


Pepe y Ramos no son Zan y Janya y, por tanto, no pueden transformarse a voluntad en múltiples formas de agua o en cualquier animal del universo, respectivamente, ni suelen ser vistos chocando sus puños al grito de ¡Poderes de los gemelos fantásticos actívense! Tampoco hay pruebas hasta el momento de que puedan comunicarse telepáticamente, aunque bien valdría un estudio sobre el caso. Más allá de esos minúsculos detalles, y de que su lugar de procedencia sea la Tierra hasta que la ciencia lo desvirtue, la humana forma de sus orejas y su color de piel, los dos centrales del Madrid guardan mucha relación con los dos superhéroes de fabuloso universo de DC Comics.

Tal como Zan y Janya, es difícil encontrar dos centrales, personas en el caso de los dos extraterrestres, tan parecidos y distintos a la vez, tan complementarios desde la similitud casi extrema del concepto futbolístico que enmarca su juego, no sólo en la actualidad sino en la historia. Pepe y Ramos, la pareja de centrales que permite tirar la línea defensiva a alturas irreales, que corrige posicional y técnicamente hasta la más liviana de las imperfecciones, y que detiene cualquier apoyo y ruptura por imposición tiránica.

Pepe y Ramos son hoy más que una pareja de centrales, son una unidad, un sello, una marca registrada. Y son un acontecimiento histórico alimentado por el más histórico de los archienemigos. Lionel Messi se viste de supervillano en el cómic de los gemelos fantásticos del Real Madrid en una perfecta escena de antagonismo entre el defensa, Pepe-Ramos, que más lejos llega a defender y el delantero, Messi, que es capaz de atacar desde la mayor distancia.

Messi contará con su 'asistente', Alexis, que de '9' es dinamita para el sistema defensivo propuesto por el legendario central, mientras que los blancos no podrán tener entre sus filas a su Gleek particular, Coentrao (¡Quién llevará a Pepe en el cubo mientras vuela a lomos de Ramos!). En su lugar estará Marcelo, totalmente desentendido del duelo indirecto. Messi tendrá esa ventaja, pero habrá que ver en qué se convertirán los gemelos fantásticos, quiénes una vez pudieron vencer hasta a Superman.





viernes, 30 de marzo de 2012

Hace 10 años

Ayer jugó Raúl un partido emocionante que nos llevó al pasado. Como homenaje, saqué de la videoteca un partido al azar de su época dorada y me dispuse a escribir sobre él. Real Madrid, Bayern, Copa de Europa, Raúl, Fútbol. Con él no había trucos, sólo efectos sublimes, diría Giraudoux.

Llueve. El rumor bullicioso del Bernabéu colma el ambiente, es noche de Copa de Europa y se siente en las voces, en los silencios, en los ruidos, en las pieles. Se siente en el césped, en las líneas de cal y en las porterías. Es noche de Copa de Europa y el Madrid está perdiendo la eliminatoria. Son los minutos previos a una noche épica, una más en ese panteón de héroes.

Balón estrellado en movimiento, y el murmullo aumenta. Todos hablan, nerviosos, y de fondo, los ultras se hacen escuchar con un ¡Hala Madrid! Que otros pocos acompañan. El rival es el Bayern Munich, una jauría bárbara que corre, pega, grita y pelea sin descanso. Cierro los ojos un momento y entonces soy Zidane, soy Figo, soy Hierro y soy Solari. Oteo el horizonte y no veo nada más que rojo sangre por todos lados. Tengo miedo. Son sólo once, pero parecen el doble, mimetizados en ese cardumen carmesí. De repente, un fulgor blanco aparece en mi retina y sé que es él. El temor se ha ido y le lanzo convencido la pelota, el cardumen carmesí es ahora un rebaño asustado ante la presencia de un depredador y se dispersa dejando entrever el blanco. Jugamos.

Cierro los ojos nuevamente y ahora soy Kovač, soy Linke, soy Kuffour, soy Lizarazu. Vista concentrada en el balón mientras de reojo lo miro, está a mi lado. Ellos tienen el balón, pero dudan… Tienen miedo. Vamos ganando y no encuentran espacios entre tanto rojo. Pestañeo, de reojo vuelvo a buscarlo y ya no está. Se ha ido y no lo encuentro, giro la cabeza frenéticamente y ya lo veo, pero está muy lejos y no lo alcanzo. Ya el balón está muy cerca, tengo miedo y sé que el resto también. Es sólo uno, pero parece siete, moviéndose sin parar de un lado a otro, recibiendo siempre la pelota. Juega.

Abro los ojos y veo la escena repetirse infinitamente. El Madrid no encuentra espacios, no transita hasta que aparece Raúl, centelleante, y señala el camino. No se detiene nunca porque el fútbol mismo no lo hace. Está aquí y está allá, en la izquierda y en la derecha, arriba o abajo. Se mueve y ya el Madrid encontró espacios; Recibe, descarga y ya el Madrid transitó. La jauría gira en su busca, desorganizada y en pánico pues el gol aguarda como león cazando.


No es uno de sus grandes partidos, sino un encuentro rutinario de aquellos días en los que miraba a los ojos a cualquiera; Sin embargo, es el héroe magno de su equipo, y la pesadilla de no acabar para el rival. En el campo están tipos como Zidane, Roberto Carlos, Hierro o Figo, y ninguno está pesando tanto como lo está haciendo él. El fútbol se rinde a su homólogo, pues Raúl fluye en el juego como sangre en las venas.

La arena del reloj cae y no puedo evitar emocionarme. El Madrid tiene la pelota, pero sólo llega al balcón del área cuando encuentra a Raúl, que se mueve, juega, como un relámpago por todo el frente de ataque, activando espacios con cada desmarque y cada acción. El siete domina el encuentro y apabulla al Bayern que no logra anticiparle nunca… ¡y cómo podrían si ese fútbol responde a una sensibilidad irracional hacia el juego mismo que ninguno de ellos tenía!

Aferrados a él, el Madrid, en un monólogo sin interrupciones, consiguió finalmente el gol del éxtasis en el minuto 70 ante la impotencia bávara, que ya peleaba más que jugaba, y corría sin fe ante los movimientos de pluma de el jugador más decisivo del torneo. El partido terminaría 2-0, con asistencia de Raúl para el gol de Guti sobre el epílogo del segundo tiempo.

Fue una lección de fútbol, preludio de una más grande en la final, como la que daría 10 años después vestido de azul y blanco. 

miércoles, 25 de enero de 2012

Pensamientos en voz alta



Clásico va, clásico viene, y el entorno, crispado, exaltado y enojado, unos heridos en su orgullo, otros orgullosos de una falsa superioridad moral, atacan, gritan y vociferan por doquier. Las palabras se repiten como paredes en un laberinto sin entrada ni salida, y las guerras dialécticas se toman el centro de una discusión que cada día se aleja más del fútbol y que, cuando pretende acercarse a él, se enfrenta a magistrados con prejuicios y megáfono, que defiende desde su atril reflexiones llenas de ventajismo, con un tufo a querer hacer coincidir a los hechos con preconcebidas opiniones y no a las opiniones con lo acontecido en el campo.

En ese abominable ambiente, perdedores de corazón débil, ganadores, bien incapaces de reconocer virtud al gallardo rival al que casi siempre han vencido, bien afanados de reafirmar no sólo su superioridad futbolística, que es real, sino adentrándose en batallas morales e ideológicas, y neutrales sin motivos objetivos, confluyen todos para atacar a José Mourinho.

Lo acusan de todo. De aquello sobre lo que tiene control, de aquello sobre lo que no tiene; de aquello de lo que es culpable único, de aquello de lo que es culpable compartido y de aquello de lo que no es culpable. En palabras de muchos, el portugués es la caja de pandora del fútbol, que Florentino se atrevió a traer a la liga BBVA y a abrirla, liberando todos los demonios que aterrorizan al fútbol en España. Y Mourinho genera todo eso. Su personalidad arrolladora lleva a que lo odies, o lo ames. Engreído, arrogante, satírico, políticamente incorrecto, defensor a muerte de los suyos, genio. 

Aún así, más allá de José Mourinho, El personaje, está José Mourinho, El entrenador. Y si en la primera versión es increíble, en la segunda es... El mejor. Las opiniones contrarias a esta, la mía y la de muchos con los que suelo hablar de fútbol, cada día, cada hora, son más que respetables. Los que lo ponen segundo, tras Guardiola, tienen argumentos muy sólidos y fuertes para defender esa postura. Aquellos, y son muchos, lastimosamente, que denigran de él, y lo achacan de mezquino, violento y demás "atributos" de carácter peyorativo, no sólo no conocen, y en demasiados casos porque no quieren hacerlo, al luso, sino que, y permítanme la incorreción política, es falso e intolerable, por decir poco.

Mourinho llegó a una liga española que cocinaba a uno de esos equipos que se merecen el rotulo de "mejor de la historia". Tercer año de proyecto blaugrana, primer año de proyecto madridista en manos de Mou. El Barcelona llegó a su cenit tras vapulear 5-0 a un incipiente Real Madrid, que ya, en muy poco tiempo, jugaba muy bien al fútbol. Luego vendría el play-off, 4 partidos en un mes en los cuáles la figura de Mourinho brilló, y brindó dosis de fútbol, vía propuestas tácticas y futbolísticas, para hacer frente al equipo de Guardiola. Cuatro partidos que tuvieron como climax la final de la Copa del Rey, y que dejaron muy en alto el nombre, tanto de casi todos los futbolistas que los disputaron, como de ambos entrenadores. Un maravilloso mes de fútbol, de proposición de problemas y soluciones, de fútbol, fútbol, fútbol.  Dónde unos quieren ver a un tipo mezquino hacía este deporte, se pierden a un entrenador capaz de regalar y regalar fútbol para aquellos que, prejuicios atrás, quieran disfrutarlo.

Este curso, por ejemplo, mientras Guardiola compite y trata de experimentar, Mourinho ha logrado que su Real Madrid evolucione. Su equipo juega un fútbol titánico, que ya hemos descrito en entradas anteriores. Mas, dónde el Real juega, y mucho, son varios quiénes niegan virtud cualquiera al equipo merengue y su polémico entrenador. Le niegan su logros, amplifican sus errores, que, obvio, comete como todos, y le añaden cosas que no ha cometido. 

Y son los Barcelona - Real Madrid, o Real Madrid-Barcelona, los escenarios perfectos para que esta carrera de desprestigio tome lugar en atriles más altos y megáfonos con más decibelios. El Real Madrid, equipo colosal, se enfrenta al mejor Barcelona de la historia, con una serie de ventajas estratégicas que hacen muy difícil la labor de Mourinho. Genio, como es, evoluciona, diseña y plantea siempre nuevos escenarios desde los que dañarlos, pero Pep, genio, también, reacciona y pone de plano sus ventajas. 

Describir, cronologicamente, la evolución táctica del clásico, desde el Alves vs Di María del minuto 5 del primero de los duelos, hasta el 1+3 de Guardiola para defenderse del Real Madrid del 3-3-1-3, sería, seguramente, una actividad extremadamente interesante y enriquecedora, pero hoy, ante la avalancha de lecturas que no tienen en cuenta la multitud de factores con los que se enfrenta Mourinho, creo más importante resaltar las premisas del partido, las preguntas desde las que nacen las respuestas, brillantes, de los dos mejores entrenadores del planeta, y que han llevado a la ya citada evolución. 

La premisa más importante, y la más cacareada, pero no por eso más interiorizada, es que el Barcelona va a tener la pelota. En toda la historia del balompié no hay un equipo más preparado técnica, táctica, física y futbolísticamente para tener el balón, y tampoco más predispuesto a hacerlo. Sólo hay un balón y el Barcelona lo monopoliza. El Madrid, a pesar de ser un equipo de transición, necesita el balón. Esta diseñado para tener la pelota muchas veces, y sus partidos así resultan. Cuando no tiene el balón sufre, y se ve desnaturalizado, en mayor o menor medida dependiendo del contexto. Ambos equipos se adaptan a su rival, más, o menos, pero sólo el Barcelona tiene poder para desnaturalizar al otro. 

¿Y no tiene armas el Madrid para ganar la posesión? No. El fútbol, en su amplitud y pluralismo, da para todo. El Madrid tiene futbolista de élite, de calidad contrastada, mas su juego se desarrolla y se potencia de otra forma. Los mejores futbolistas del Madrid sienten un fútbol distinto al de los futbolistas blaugranas, con la gran excepción de Benzema, y quizá Xabi Alonso y Marcelo. Y el Madrid, como institución misma, tiene una sensibilidad distinta. Aunque el Madrid, y sus futbolistas, necesitan del balón, sienten un fútbol mucho más agresivo, vertical y directo. La paciencia del Barcelona no existe en el Madrid, y no es un ataque a los merengues, sino un simple ejercicio de distinción. El Madrid disfruta creando ocasiones, corriendo y haciendo correr hacía atrás a su rival, golpeando de forma consecutiva y sin parar. Puede que suena a argumento débil, pero la realidad es que si el Real Madrid inténtase tener la pelota más que el Barça, necesitaría hacer cosas que aburrirían a sus futbolistas. Y lo peor que un entrenador puede hacer, es ir en contra de las necesidades de aquellos a quiénes dirige.

Y así llegamos, al tercer punto: Messi. El Barcelona cuenta en sus filas con Lionel Messi, posiblemente el mejor futbolista de la historia, y el más resolutivo, esto sí sin dudas. El argentino tiene la curiosa capacidad de crear peligro de gol con su simple recepción, en casi cualquier parte del campo, en un deporte de pocos goles, en los que triunfa el detalle. Este, argumento potentísimo, deja casi sin opciones a Mourinho. Si nos trasladamos al Ajedrez, es como si, desde el inicio de la partida, Pep tuviese una Reina y Mourinho no, e incluso, peor. La capacidad resolutiva de Lionel Messi es lo más diferencial de la historia de este deporte, y en las semis de la Champions, así como en el primer clásico liguero de la temporada 2011-2012, el argentino lo dejó bien claro. 


Como defender a Messi se vuelve un imperativo no negociable, las opciones de destaparse en campo propio y defender la posesión de los de Pep, desde la salida misma del equipo blaugrana, buscando una pérdida en campo contrario y establecer ráfagas de ataque posicional, planteamiento pedido a gritos por cierto sector de la afición, se vuelve de difícil ejecución exitosa. Como dijo Abel Rojas por twitter, el Barça del 70% de posesión hace menos daño que Messi, y las opciones del Madrid se reducen si se le dan facilidades al rosarino.

¿Y qué pasa si Messi no aparece en el partido con el fulgor habitual? Hoy la respuesta es distinta a la de hace un año. La temporada 2010-2011 fue el mejor año de Xavi, en el que se consagró como futbolista y tuvo más peso que nunca en su carrera, llegando a condicionar, y mucho, los partidos con más contenido futbolístico posibles actualmente. Y los condicionaba desde la posesión defensiva. Xavi no la pierde nunca y es capaz de hacer que en un partido no pase nada. Si el Madrid triunfa en su discurso más natural y agresivo, generando ocasiones, transitando con un buen volumen ofensivo, y Messi no le gana el partido al Barcelona, la opción Xavi aparecía, y en el partido dejaban de haber ocasiones, el Madrid dejaba de generar pérdidas blaugranas y termina cediendo ante Xavi que, jugando a que "no se juegue", retomaba la naturalidad al Barcelona, que, con el peaje de perder profundidad, salvo la activación de Iniesta, se sentía cómodo. Esta temporada Xavi no ha aparecido con la grandeza de la anterior, y el Barcelona ha comenzado un proceso de evolución hacía otra cosa, como ya lo hiciese durante la segunda parte de la temporada 2009-2010. Sin Xavi 10/11, incapaz de imponerse en el campo, aparece Iniesta. En el partido de ida, el Madrid no apostó por la versión que más gusta a la prensa especializada, pero Messi no estuvo, y aunque condicionó, y decidió, fue Iniesta, además de Alexis, de quién hablaré más adelante, quién destruyó el sistema merengue. Iniesta no es recepción-gol, pero es un cuchillo que recibe por fuera, corta por dentro y planta a su equipo en la frontal, sin que el rival pueda reaccionar. Y eso es un precio pagable, pero se parte de un supuesto imposible: Messi, en su peor día, es capaz de decidir cualquier partido de fútbol.

Durante el play-off, Mourinho logró controlar el fútbol del argentino desde una dirección magnífica. Las premisas anteriores marcaban claramente las respuestas tácticas de Mourinho, y su solución se basó en la concentración de fútbol del Barcelona en sólo tres futbolistas separados por muy pocos metros. Mourinho dispuso a su equipo para defender la recepción de Xavi, Iniesta y Messi, expulsando a los primeros a zonas dónde no hacen tanto daño, dificultando su recepción de cara y desactivando a Messi tanto como por la presión interior, como por la libertad que tenían los centrales del Madrid para salir a anticiparlo. El Madrid logró dominar, transitar y dañar al Barcelona, generando un volumen ofensivo generoso que hizo creer al equipo, activándoles emocionalmente el día de la final de Copa para los 45 minutos de repaso culé en la segunda parte. Mourinho había aceptado la desnaturalización gradual, había abrazado las virtudes y los principios futbolísticos fundantes de su equipo, y había sacado un gran planteamiento, insostenible tantas veces seguidas, pero que les dio mayor dominio global en los primeros 200 minutos del play-off.... Y un título.

Y entonces el Barcelona fichó a Alexis Sánchez. En un principio pensado para la acción individual por fuera, como extremo, para corregir la falta de determinación y poder de atracción que tuvo el Barça en los costados, que bien aprovechó Mourinho para reforzar su defensa del triángulo de fútbol azulgrana. Sin embargo, tanto la evolución del propio Barcelona, como la del Madrid, llevaron a pensar a Alexis en un rol distinto. Con Messi abandonando el rol de falso 9, jugando con muchísima más libertad por todo el frente de ataque, Guardiola inició con Cesc llenando el vacío en el área, pero el 10 de diciembre se presentó con Alexis de 9. El chileno y su actividad, apoyo, arrastre y ruptura se codeó con la pareja de centrales merengue, dando una mayor libertad a Messi de la que el mismo planteamiento del Madrid le daba. El Madrid anuló colectivamente al Barcelona, lo desnaturalizó por primera vez y sólo una mala actuación de varios de sus hombres clave, y lo bien, y exageradamente bien, respectivamente, que jugaron Alexis y Messi sostuvieron al Barcelona.

¿Y qué pasó? Messi. El argentino no sólo fue insultantemente superior al resto de futbolistas, clarificó la vía al gol del empate culé, sino que además materializó la superioridad emocional del Barcelona sobre el Madrid y es este, y no otro, el factor que da pie a las goleadas y baños futbolísticos. El Madrid tiene, ante el Barça, una mente de cristal, y ante el primer golpe culé, el primer slalom imparable de Messi o cualquier golpe anímico, desaparece del partido. Así pasó en el 5-0, pasó en las semis de Champions, pasó en el partido de liga y pasó en la idea de cuartos de Copa. Sólo en la final de Mestalla, dónde unos pletóricos 45 minutos dieron un colchón emocional fortísimo y suficiente para soportar la posterior embestida del Barça, y en los dos partidos en los que Mourinho no tenía nada que perder, en primer partido del play-off, pues la liga ya estaba virtualmente sentenciada, y en el partido de esta tarde, el Madrid pudo superar la ligereza mental que lo atormenta y competir hasta el último minuto. Allí está la gran deuda de Mourinho, y no en sus planteamientos que, salvo el 5-0, fueron todos correctos y exigieron al Barcelona.


Cabe destacar, finalmente, que el partido de hoy y su éxito mediático, están condicionados. Y lo están porque el Madrid no se jugaba nada, ya estaba perdiendo, podía permitirse el error y podía permitirse a Messi. Lo hicieron, y dominaron, fueron más que el Barcelona, salvo en los brillantes 15 minutos finales, y, tal como en la prórroga de la final, pusieron al Barcelona contra las cuerdas. Y, aún así, no ganaron. Messi desequilibró y el Madrid lo soporto anímicamente por las condiciones especiales del partido. En un contexto normal, tras el primer slalom de Lionel, el Madrid se hubiese derrumbado.

El reto al que se enfrenta Mourinho no tiene parangón en la historia. Ninguno de los grandes equipos que coincidieron en época con uno mucho más grande, convivió tan cerca con el otro. El Real Madrid se enfrenta al Barcelona a diario, y el impacto emocional es mucho más profundo y marcado. Cuando Mourinho, por fútbol, se ha acercado, el Barcelona lo ha desactivado por la superioridad emocional que posee. Es un reto no sólo futbolístico, o táctico, parcelas en las que Mourinho ha rozado muchas veces la excelencia, es algo mucho más grande. 

Enfrente el mejor equipo de la historia, el mejor jugador de la historia y un entrenador de leyenda. Y compiten. Se merecen mil aplausos. 

lunes, 24 de octubre de 2011

45 minutos de invierno


Desde hace un tiempo vengo haciendo alusión a la temporada del Real Madrid desde el slogan "Winter is coming", refiriéndome al potencial enorme que, si ya de por sí era inmenso la temporada anterior, prometen los de Mourinho para este curso. El 6-0 en la Rosaleda no hizo sino confirmar las sospechas que levantó la pretemporada merengue, sin embargo, tras aquel partido, el Real tardó en volver a encontrar su fútbol, perdió puntos mientras su rival encadenaba exhibiciones, y perdió fe. Tras el hat-trick de Higuaín, que les abrió las puertas a una revitalizante goleada, y el parón de selecciones, volvieron a exhibir su condición de máquina de fútbol, con los primeros 45 minutos ante el Málaga como primera gran "nevada", de la temporada y, quizá, con los mejores minutos de lo que va de la temporada en el mundo.

En la antesala del encuentro, vistas las alineaciones, era de esperarse un Madrid plenamente de transición, que castigase al Málaga cada riesgo mal tomado, y les diera a ellos el mando del balón. Sin Özil ni Benzema, los grandes activos de posesión posicional en campo contrario, con Higuaín, el sinónimo de "correr" para el Madrid, y enfrentados a un Málaga con sus mejores hombres en el campo, pocas dudan habían sobre el discurso del partido... Hasta que este empezó.

El Real se hizo dueño de la pelota y el Málaga, tímido, trataba de competir con arreones de Cazorla, Isco y Toulalan. Pero era demasiado. El fútbol del Madrid nace en Cristiano Ronaldo, y de valientes es intentar defenderlo a él, defendiendo otras factores de juego. Arriesgadísimo, Pellegrini lo intentó, y falló porque Alonso y Marcelo son demasiado buenos. Los de Mourinho ejecutan una salida Lavolpiana, casi que diseñada para un mediocentro como Alonso, y da vuelo a los laterales que ensanchan y alargan. Si el mecanismo no se hace viable, Marcelo acude al rescate y bate líneas en conducción. La salida es siempre diáfana, y el rival es incapaz de detenerlos. El Madrid se posiciona en campo contrario y allí, asentado en un 3-3-1-3, son demasiado rápidos, demasiado veloces futbolísticamente y son imparables. Si a eso se combina las autopistas que nacen producto del arriesgado discurso defensivo, la goleada es inminente. Y así fue.

Además vimos a un Madrid agresivo en el pressing, presionando tras pérdida, con los defensores escalonados y con superioridad numerica y dominio posicional allá dónde el balón iba. Aunque Pellegrini se preparó, enviando al campo a Rondón y Joaquín de delanteros, la supremacía de Pepe (O Pe-Pe) y Ramos explica muchas cosas del poderío de la transición defensiva blanca. Con ellos de centrales es imposible recibir en apoyo, y una aventura incierta y difícil, como escalar el everest, el hacerlo en ruptura. Sin eso, el abanico de pases se diluye y el espacio en el medio tiende a menguar.

Y, por si fuera poco, el grado de acierto técnico fue elevadísimo. La exigencia futbolística, técnica, física y emocional a la que se expuso el Málaga fue impresionante. El despliegue de gestos técnicos de alta dificultad fue largo y variado, y el nivel físico es diferencial incluso para la máxima élite. El Real Madrid asusta, y asusta porque su fútbol es de equipo, no sólo campeón de Europa, sino de equipo dominante durante años. No lo son porque existe Messi.

Por último, dos anotaciones. Primero, a mejorar el "No jugar jugando" que se debió aplicar en la segunda mitad. Con el partido finiquitado en la primera parte, los otros 45 minutos casi sobraban y el Madrid decidió dejar de jugar, pero al hacerlo concedió y el Málaga pudo filtrar ocasiones. Por otro lado, hay que aplaudir a Cristiano Ronaldo. No es el mejor futbolista del planeta porque se enfrenta a un fenómeno sin parangón, pero sus ganas de mejorar y su fútbol impecable han de ser elogiados. En la Rosaleda vimos al Cristiano Ronaldo más acertado a nivel asociativo que yo recuerde. Un paso más en la evolución y reinvención de, seguramente, uno de los 10 mejores futbolistas de la historia.

Enlaces de interés:

- http://vistodesdemibanda.blogspot.com/2011/10/primera-victima-pellegrini.html

jueves, 21 de abril de 2011

Épico


El mes de Abril de 2011 será recordado por mucho, muchísimo, dirían en ciertas zonas costeras, tiempo. El primer partido de los cuatro que enfrentarán a los dos mejores equipos del mundo en tan corto lapso de tiempo, ya tuvo tintes legendarios, casi como antesala de lo que vería días después, bajo el escenario, nada más y nada menos, de una final. Épico es poco para describir lo que vimos ayer.

Un partido tan tocado por tan diversos factores, desde el emocional hasta el plenamente futbolístico, es difícil de resumir en tan sólo un par de párrafos. El fútbol hizo presencia en Mestalla, y regaló una mitad para cada equipo. El genio del banquillo alineó a Özil por derecha, a Pepe de interior izquierdo, devolviendo a Xabi Alonso a su posición de mediocentro único, dónde es el mejor del mundo, y a Cristiano Ronaldo lo puso de falso 9. Lejos de ser el mismo planteamiento que en el partido de Liga, el Madrid se mostró más agresivo, más presto a incomodar la posesión del Barcelona, que no a disputarla pues se parte desde el presupuesto de que al Barça no se le quita la pelota, desde la intensidad y la presión sistemática, personalizadas en Pepe, quien es un central fabuloso y que en sus incursiones al mediocampo con Queiroz había dado pena, que se dio el lujo de minimizar a Xavi Hernández.

Y luego, claro, estuvo el sensacional partido de Cristiano Ronaldo que, entre una constelación de estrellas, fue el que más brilló. Desde su posición como referencia en ataque, dirigió las transiciones ofensivas del Madrid, ocupando indiferentemente los tres carriles largos del frente de ataque, y atacando espacialmente al Barcelona, llevando todos los ataques merengues a las zonas débiles del Barcelona, personalizadas en el desnaturalizado Mascherano, en el pequeño Adriano y en Sergio Busquets. La velocidad física, técnica y de lectura de juego que expresó el portugues durante varios tramos del partido fue imposible de seguir para la muy exigida defensa azulgrana, que sangró y pudo perder el partido varias veces en el primer tiempo. Punto y aparte para Özil que, sin ser el exquisito futbolista de Enero, forzó a Busquets a tomar decisiones cada vez que recepcionaba la pelota, y, como era de esperarse, la falta de talento del 16 blaugrana lo llevó a equivocarse una y otra vez, demostrando nuevamente que, si el Barcelona no juega bien, Sergio es incapaz de sostenerse desde el mediocentro.

La segunda parte, en cambio, fue totalmente culé. Pedro arrancó desde la izquierda y eso le regaló a Andrés Iniesta el espacio necesario para dinamitar al Real Madrid. Desde Iniesta, el Barcelona recuperó profundidad y velocidad en la circulación, la posesión volvió a tener la calidad necesaria para obligar al Madrid a retrasarse varios metros y evitar que, tras pérdida, el Madrid saliese al ataque con un contexto ventajoso que obligase al Barcelona a correr hacía atrás. Con la posesión de calidad volvió la presión arriba, y el Barcelona volvió a ser el Barcelona apabullante de siempre; Sin embargo, Mourinho y sus jugadores tenían otras cartas que jugar. A lo largo de la temporada habían demostrado inestabilidad siempre que tenían que soportar ataques posicionales prolongados, y entiéndase por prolongados cualquier ataque posicional que superase los 20 o 30 segundos, pero durante toda la segunda mitad lograron no sólo conservar su portería en cero, en parte gracias a un pletórico San Iker, sino lograr detener la avalancha blaugrana que les sobrevenía, con un imperial, destacadísimo e inesperado trabajo de Marcelo, quién no fue el punto débil que es cada vez que tiene que sufrir, y, al contrario, estuvo magistral en la defensa interior, llegando, incluso, a ganar un par de 1 vs 1 a Lionel Messi. Proeza del mejor lateral izquierdo del planeta.

El tiempo extra se vio condicionado por el factor psicológico. Cristiano Ronaldo y Di María se encargaron de minar el juego culé desde el apartado emocional. Sprints inhumanos a los noventa y tantos minutos de un partido de intensidad Champions, que provocaron una clara reacción negativa en el fútbol azulgrana, que no logró asentarse durante los últimos 30 minutos del encuentro. Cristiano Ronaldo, en una jugada que co-protagonizaría con Marcelo y Di María, sentenció el partido con un heróico cabezazo en las postrimerías. El mejor jugador del partido fue el que selló el triunfo del Madrid: Poético cuanto menos.

El primer título está virtualmente ganado por el Barcelona, el segundo ya se lo ha llevado el Madrid. Nos esperan aún dos partidos que prometen reventar los estándares de fútbol y emoción de lo que va de la temporada. Afortunados somos.

martes, 30 de noviembre de 2010

La victoria del futbolista





Se había hablado demasiado. No era para menos. El contexto del primer Clásico de la temporada 2010/11 tenía todos los condimentos para el debate futbolístico de mayor calidad. Se enfrentaban el mejor entrenador del planeta, a cargo de la plantilla más cara de la historia, en frente del equipo que ha dominado el fútbol mundial los últimos tres años y que, contaba, además, con el mejor jugador del mundo en sus filas. Material para hablar durante horas. Y ciertamente así fue, sin embargo, no sirvió de nada.

Al frente de Mourinho, el genio del Banquillo, jugaba Lionel Messi, el genio del césped, la pelota y el fútbol. El partido de Messi nos volvió a recordar que el fútbol es de los futbolistas y, si eres EL FUTBOLISTA, el fútbol es tuyo. A pesar del extraño planteamiento de Mourinho, condicionado, claro está, por la baja de Higuaín, que obligó a modificaciones posicionales explicables, pero de difícil justificación, en el que el Madrid comete el peor error que se puede cometer ante este Barcelona, es decir, regalarles la salida del balón (Sevilla lo hizo y se llevó 4), confiándose, quizá, en demasía en su segunda jugada y su excelente ataque posicional, las verdaderas razones de la aplastante victoria del Barcelona tienen nombre y apellido. Sin Lionel Messi a ese nivel, el Barcelona quizá hubiera ganado pues todos sus jugadores jugaron a un nivel estupendo, puede que el mejor partido de la era Pep,  pero no con una diferencia tan abultada. El 5-0 no fue la diferencia entre el mejor Barcelona y el Madrid de ayer, sino entre Lionel Messi y el resto de futbolistas del mundo.

El Madrid empieza a perder el choque desde lo psicológico en el momento en que Lionel Messi roba un balón en la línea de fondo a Di María, regatea y provoca un tiro de esquina que, segundos después, termina en un balón colgado por Messi por encima de todos, como él mismo, y que se estrella en el palo. Y lo empieza a perder desde lo táctico cuando Alves termina de desnaturalizar al Madrid llevando a Di María a hacer un doble lateral obligado gracias a su posicionamiento en mediocampo. Sólo bastaron los pocos minutos entre la primera situación y la segunda para que el Barcelona, sin marcar aún, ya tuviese una ventaja enorme.

Y luego vinieron los goles y la brutalísima exhibición de Lionel Messi. Messi no jugó en la derecha y no fue el falso nueve al uso que podemos encontrar en el 6-2 o en la final de Roma. Messi jugó de delantero, bajando mucho a contactar el balón, aclarando siempre la jugada, mejorándola, dandole sentido y generando el contexto propicio para que el Barcelona realizara su mejor fútbol. Messi recibía de cara y ocupaba la atención de todo el mediocampo merengue, que corría detrás del argentino, perdiéndose en el espacio y regalando montones de zonas libres para la recepción de los locales. Destrozó al mejor mediocentro del mundo, hizo añicos la pareja de centrales portuguesas, una de las mejores del mundo, y como consecuencia de su fútbol desnudó todos los defectos de los laterales blancos y desactivó cualquier intento de represalia. El futbolista jugó, posiblemente, el mejor partido de su carrera en liga española y el único pero a su encuentro no está en él, sino en el rival que no generó ningún problema que Messi pudiera solucionar, y esa es el fundamento que decide los más grandes partidos. Más allá de eso, sólo se puede disfrutar con la actuación del rosarino. Perfecta, rozando un nivel inalcanzable para ningún futbolista activo y que causa muchas dudas para quiénes todavía somos reticentes al dominio del argentino sobre el fútbol post-maradona.

Bajo ese contexto jugó el Barcelona, y Xavi, el futbolista que define el estilo, e Iniesta, el segunda espada que tiene tanto fútbol para ser el primera espada de cualquier equipo grande, simplemente jugaron a un nivel superlativo, dando lo mejor de su fútbol, al menos en el estado actual de Iniesta. La velocidad de la circulación, la calidad de posesión, la calidad de la perdida, la profundidad, la aceleración... Todo en el Barcelona, a nivel de estilo, fue simplemente perfecto. 

Mención especial para Villa, que ganó prácticamente todos los duelos a Sergio Ramos, fue un constante generador de peligro y, por fin, logró darle al Barcelona ese plus de profundidad, de miedo, de gol, de presencia por el que se lo trajo. El Barcelona, todo, jugó a un nivel inalcanzable para cualquier colectivo en este momento. Y nos hicieron disfrutar. Una noche mágica sin duda.

Fue la victoria del futbolista.

domingo, 28 de noviembre de 2010

El día antes





Desde este espacio se tenía pensando hacer un análisis previo del clásico, pero tras el excelente podcast realizado por la web amiga, Ecos del Balón, creemos redundante hacerlo y, por eso, nos deleitamos de compartir dicho documento aquí.

Podcast 3x04 Ecos del Balón

Más allá de eso, creo importante resaltar que, personalmente, el partido estará en, primero, con que pie se levante Lionel Messi, segundo en la perdida de Balón de Barcelona y la salida de balón por parte del Madrid, y tercero, en quién logra tener el balón la mayor parte de tiempo en campo rival.

domingo, 29 de agosto de 2010

Sombras en el debut blanco


Era la presentación en un partido oficial del Real Madrid modelo 2010/2011, con José Mourinho, entrenador, como fichaje estelar. A primera hora el Barcelona había goleado al Racing de Santander, y al Madrid le tocaba igualar sensaciones en su estreno, pero los de Mourinho se ahogaron por falta de fútbol y se llevaron un muy amargo 0-0 en el debut.

Mourinho sorprendió con la inclusión de Lassana Diarrá en lugar del aleman Khedira, pasando del 4-2-3-1 con mediocentro posicional e interior, a un doble pivote que brilló por su ineficacia. Las lesiones de Pepe, Albiol y Garay obligaron al portugués alinear a Sergio Ramos como central zurdo, al lado de Carvalho, con Arbeloa de lateral derecho. La ausencia del de camas en su posición habitual le quitó fútbol por la banda derecha al Madrid, al punto que esta fue muy poco productiva y, en adición a eso, Arbeloa sufrió en defensa y por su banda llegaron las acciones de mayor peligro por parte del Mallorca.

El Madrid careció de fútbol por delante del balón. Sergio Canales estuvo más cerca de Higuaín que de Marcelo y Xabi Alonso, y no logró conectar el mediocampo con la delantera. La zona que teóricamente ocupan los interiores fue tierra de nadie hasta la entrada de Khedira en la segunda mitad. El equipo se partió y los merengues nunca lograron dominar el encuentro. El Mallorca, desde una marcadísima inferioridad, logró crear peligro sobre el arco de Casillas, y llevó el ritmo del partido bastante mejor de lo que uno podría esperarse de la plantilla balear.

La falta de acierto de cara al gol de Higuaín, sumado a su ya conocida capacidad para no sumar al colectivo, propicio que muchas veces el Madrid pareciese que jugara con diez. Cristiano Ronaldo consumó otro partido (Y van...) para el olvido, y su situación empieza a ser preocupante. El futbolista con el carácter más ganador del planeta se siente derrotado. Sabe que ya no es el número uno, que ya, salvo que el diga lo contrario, y no parece estar mucho en la labor, el nivel de Messi le es inalcanzable, que ya su equipo no es el número uno y que su oportunidad histórica en un mundial se le esfumó y que en gran parte fue su culpa. Ojalá, por el bien del fútbol y la competición, que Ronaldo no termine de perder la fe en sí mismo y siga en su camino de autosuperación.

Párrafo aparte merece Lass Diarrá. Partido absolutamente malo del jugador francés que corrió mucho y mal. Lassana se está convirtiendo en un nuevo caso Gago, es decir, jugador hiperactivo que, ante falta de fútbol, abusa de sus condiciones físicas para hacer todo lo que no debe hacer un mediocentro. Además estuvo particularmente mal leyendo el partido y nunca logró aportar. Restó fluidez y no llenó espacios que uno suponía que él debía llenar. Y lo peor de todo es que a muchos aficionados merengues eso les parece jugar bien y apoyan la inclusión del jugador en el once titular. Personalmente, me parece un error que Mourinho asuma el error y le de minutos de sobre al francés por su capacidad de autocorrector.

Por último, exaltar el buen partido de Carvalho, y el fútbol de Marcelo. El portugués está en mejor condición física de lo que se pensaba y está acoplándose muy bien a la zaga blanca, mientras que el brasileño, sin haber tenido un gran partido, fue de lo mejor del equipo. Siempre encuentra alguna manera de aportar, y es la salida del balón del Madrid. Nunca pierde ante la presión, es capaz de salir conduciendo, y, además, sus desplazamientos en largo cada vez son más precisos y cada vez suman más.  El título de mejor lateral izquierdo del mundo le está cada vez más cerca.