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domingo, 25 de julio de 2010

Sublimar la percepción

Dice Enric González que “ninguna victoria es tan bella como un buen fracaso”, cierto, pero incompleto. Enric, gran escritor y contador de historias, olvida que, además, no hay nada más bello que el fracaso de un coloso, ni siquiera el triunfo de un pequeño. Mientras la victoria engrandece el alma, la derrota la trasluce y la vuele más humana, más terrenal.


Lo ocurrido hoy en Port Elizabeth fue inesperado, y tremendamente bello. La alegría holandesa al final del partido, quizá y sólo quizá, puede ser considerada justicia poética, como las derrotas de Italia y Francia, y las victorias de Argentina, pero la tragedia brasilera evoca los sentimientos más profundos de humanidad que, aquellos que sentimos este deporte como sangre en las venas, podamos sentir. Estética pura. Eso fue lo que representó Brasil en la Copa Mundo. Y que no se confunda, estética desde el significado filosófico, que es el más bello que pueda haber.

Y lo más trágico de todo es que Brasil, el coloso más colosal del planeta fútbol, era bellísimo. Brasil destilaba belleza. Ese ritmo lento adormecía los sentidos y levantaba las sensaciones, sublimaba la percepción y el subconsciente. Brasil es inspiración colectiva y, ateniéndonos al ensayo sobre lenguaje y fútbol de Pier Paolo Pasolini, tendríamos que decir que Brasil es la prosa de Milan Kundera. Brasil es Kundera, y Kundera es la manta que abruma el intelecto y exalta el grado más alto de sensibilidad. Brasil también es Shine On You Crazy Diamond de Pink Floyd, y Brasil es la definición futbolística del último álbum de Jorge Drexler, Amar la Trama. A Brasil no le importaban los goles, sabían que al final siempre llegaban, a Brasil le importaba la sensación previa.

Pero, sobre todas las cosas, Brasil es Robinho. Tratar de explicar este Brasil sin mencionar a Robinho es como describir a la Argentina y no hablar de fútbol. Lo segundo puede explicar el resto por sí solo, pero el resto no puede hacerlo sin ello. Robinho es sublime. Cada pase, cada pausa, cada paso, cada toque es un control de los espacios, es la respuesta a un estímulo y la creación de una sensación. Para quien escribe, Robinho es huracán de percepciones ¿Qué va a hacer? ¿Qué hizo? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Con qué sentido? ¿Hacia dónde va? ¿Qué dirección tomará? Se dibujan en mi mente en los instantes en que el brasilero aparece en la pantalla y, al final de la jugada, siempre, siempre sonrío porque Robinho es único. Seguro Cruyff se refería a eso cuando decía aquello de “gallina de piel”.

Es quizá por eso, por Robinho, que Brasil me gustó tanto, me transmitió tanto. Por allá en 2007 cuando Dunga ganaba la Copa América, Brasil no me gustaba. Hace un año cuando ganó la Copa Confedereaciones, Brasil tampoco me gustaba. Era la Brasil de Dunga, un gran equipo, pero no me llenaba la vena estética. La Brasil de Sudáfrica fue más la Brasil de Robinho y menos la Brasil de Dunga. No estuvieron Ronaldinho, ni Hernanes, ni Marcelo, pero qué más da ahora. Estuvo Robinho, y Robinho fue amo y señor de la pelota. Eso siempre se agradece.

Se va Brasil y se va Robinho. También se va Dunga. El gran campeón jugó un fútbol muy bello, y perdió con el campeón sin corona que jugó horrible. Ironías del fútbol que mientras termino de escribir esto regala un final de infarto a Uruguay, por aquello de que con Francescoli no pasó, y le hace pasar un trago amargo a Ghana qué también fue una prosa muy bien escrita. Se fue Brasil. Hay “Saudade”. El mundial continua, pero este día difícilmente puede ser superado en belleza y contenido épico.

Dominio total


Confieso que el mejor equipo que he podido ver es la selección Brasil que participó en la Copa Mundial de Fútbol de España 1982, y que se fue eliminada tras perder el triangular, posterior a la primera fase, en el que se enfrentó a la Argentina de Menotti, a la cual ganó, y a la Italia de Bearzot, a la postre campeona del mundo, que los venció 3-2 en uno de los partidos de mayor calidad y más bonitos de la historia del fútbol.


Brasil 82’ derrochaba fútbol en cada una de sus líneas y movimientos, y, además eran bonitos. Eran técnica, física y tácticamente buenísimos, y literalmente barrían a todos los equipos que enfrentaban. Eran superiores a todos, lo sabían, y sólo dos fallos de concentración de un clase mundial como Júnior pudieron, sin restarle méritos al gran conjunto italiano del 82’, arrebatarles un titulo que debió ser para ellos. Competir con la imagen mediática de Brasil 70’, sin haber sido campeones del mundo, ya habla lo suficientemente bien por aquel equipo de Telé Santana, pues eso es algo que ni siquiera “La Naranja Mecánica” logró.

Brasil modelo 2010 dista mucho de ser Brasil 82’, tampoco aspiran a serlo, empezando porque, por ejemplo, los puestos que hoy ocupan Bastos, Melo, Silva y Elano, pertenecieron a Júnior, Falcao, Cerezo y Sócrates en el mítico equipo, sin embargo, han pasado veintiocho años desde eso y la selección brasilera, por la que han pasado genios como Romario, Rivaldo, Ronaldo, Roberto Carlos o Ronaldinho, nunca se había sentido tan superior al resto, tan dominante, tan ama del partido.

Y Brasil, por encima de todo, es eso. El Brasil de Dunga es el dominio absoluto del partido. Hace un par de días escribí en Twitter que Brasil había venido a África de Safari con unos cuantos dardos somníferos y un par de dardos mortales. Creo que nunca una metáfora tan mala ha sido tan acertada a la realidad. Brasil duerme el partido, impone su ritmo lento, a veces muy lento, saca al rival del partido y, de repente, cuando menos lo esperas, sube el ritmo de forma violenta, pero sutil y suavizada por fútbol, y te marca uno, dos, tres goles o los que crean suficientes. El mensaje es claro: “Somos los mejores, somos los dueños del partido y hacemos con él lo que queremos”.


Soy el primero que crítica a Dunga por ponerse el mismo un límite demasiado bajo para que lo que podría dar Brasil. Jugadores como Marcelo, Hernanes, Diego, Pato, Ronaldinho, Ganso o Neymar le hubieran dado un límite a Brasil muchísimo más alto e igual de competitivo e igual de ganador. También soy el primero que aplaude su trabajo porque ha creado el mejor equipo del mundial, el único que ha demostrado empaque de campeón. Brasil es buenísimo táctica, técnica, física y futbolísticamente. Son superiores y así se portan en el campo cada vez que juegan. Ayer Chile, que también es una delicia futbolística, quedó eliminado y ni siquiera incomodó a la “verdeamarelha” que jugó un partido de campeón mundial. Brasil es caviar, Brasil es fútbol. Una delicia para quien quiera disfrutarla.

El plan es claro y bien ejecutado. Una defensa de cuatro técnica y físicamente potentes, preparados para salir desde atrás y para defender cualquier situación y cualquier futbolista, incluso Lionel Messi. La salida normalmente se da desde Maicon por la derecha, aunque no es la única opción. Lúcio, Felipe Melo y Michel Bastos ofrecen otras opciones válidas para Brasil, haciendo muy difícil que les compliquen en su propia mitad, tal y como intentó Costa de Marfil. La primera línea del mediocampo al ocupa el doble pivote Silva-Melo. Este último está cuajando un buen mundial, tanto con balón como sin él, mientras Silva se encuentra muy cómodo y abrigado por todo el sistema brasilero. Como interior derecho aparece Elano, quien abre el campo por derecha y aparece con más frecuencia en zona de aceleración, aprovechando el efecto “tracción” que genera la banda izquierda del equipo. Ese 4-3 le da a Brasil una coraza sólida como ninguna otra en el mundial y que permite que el trío de arriba pueda desplegar su fútbol.

Kaká y Robinho están haciendo un buen mundial, en el caso del jugador del Real Madrid, y un gran mundial en el caso del ex – merengue. Cuando la pelota llega a la banda izquierda de Brasil, el fútbol hace presencia. Robinho recibe, pausa, hace circular, aguanta la pelota, avanza, se desmarca, duerme y oxigena. Una y otra vez el rival cae ante la red de fútbol de Robinho y Kaká, y, entonces, se deciden a marcar, y la velocidad aumenta vertiginosamente, y a esa velocidad sólo ellos logran leer la jugada que termina irremediablemente en gol la mayoría de las veces. ¿Cuántos pases? Los justos ¿Cuántos regates? Los necesarios. Así avanza Brasil, y se suma Luis Fabiano para finalizar todo lo que producen las dos cracks. Y a veces se suma Elano, o Maicon, e incluso Lúcio sale disparado desde el área y se une a la fiesta. No importa cuántos sean, Brasil logra más peligro con Robinho-Kaká más Luis Fabiano que equipos que atacan con cinco y hasta con seis jugadores.


Y el resto es historia. Brasil no tiene huecos, no hay fisuras en su sistema. Defiende dónde quiere, ataca cuando quiere y llegas hasta dónde Brasil te deja. Arriba ganan siempre, por abajo también. Kaká y Robinho a las orillas en transición defensiva para el contrataque letal. Uno no logra imaginarse a Brasil perdiendo, y uno puede intuir que sólo España reencausada ó Lionel Messi podrían hacerle daño a este equipo.

Ayer jugó Alves y Brasil fue más agresivo, más vertical y más bonito. Si fuera Dunga apostaría por el jugador del Barcelona porque le da un techo más alto a Brasil, y porque le da más opciones en la base de la jugada a un Brasil que necesitaba más elaboración para ser más mortífera. Pasó ante Chile, una lástima, pero le sirvió a Brasil para dar un contundente golpe de efecto y España va a necesitar mejorar mucho para competir con eso.

Brasil es fútbol, y fútbol es el dominio total.

España no puede perder la perspectiva


El Mundial de España 82’ se convirtió en un punto de inflexión para el fútbol español. La colosal impresión que dejó la selección brasilera de aquella época sirvió como punto de inicio de una revolución sociológica que llevó al fútbol español, más de veinte años después, parafraseando a Menotti, a pasar de ser toro a torero.


Un par de años después del Mundial 82’, en España nacerían dos de los mejores equipos de la historia. Primero el Real Madrid sería el escenario donde la llamada ‘Quinta del Buitre’ volaría tan alto como la imaginación de sus jugadores los llevó. Luego fue el FC Barcelona quién vio nacer al afamado ‘Dream Team’ de Johan Cruyff. Los 90’s y 00’s significaron el fin del reinado de la ‘casta y los cojones’ como sinónimos del fútbol ibérico, dando paso al ‘toque y la posesión’ como adjetivos más frecuentes cuando se escribe sobre la selección que hoy dirige Vicente Del Bosque.

Desde que dicha transición comenzó, España ha reunido las mejores nóminas y equipos de su historia, haciendo especial hincapié en el equipo que fue eliminado injustamente por Corea en 2002. Aquel equipo era liderado por el mejor jugador español de la historia en su mejor momento, y contaba con un grupo de jugadores de élite en el mejor momento de sus carreras.

Sin embargo, no fue hasta que Luis Aragonés llegó al seleccionado que España, como equipo, aceptó el cambio. Aragonés creó un equipo como nunca hecho alrededor del toque, la posesión, el centrocampismo y la técnica. El triunfo en la Eurocopa 2008 legitimó ante la afición el estilo, y el hexatriunfo del Barcelona de Pep, con Xavi e Iniesta, terminó por legitimarlo ante el mundo.


Sin embargo, España no puede perder perspectiva y pensar que su fútbol empieza y termina en el fútbol asociativo y de posesión, pues esto sería igualarlas con Argentina, Alemania o Chile en concepción, así como tampoco acusar a la selección con los típicos tópicos periodísticos como el físico, la casta, la inutilidad del fútbol de posesión y demás clichés que se han podido leer y escuchar últimamente en la red.

La titularidad de Llorente y Navas, como se ha llegado a escribir, y por mucho que yo sea un confeso enamorado de los extremos, que lo soy y mucho, serían muchos pasos atrás para el fútbol español, sería volver a esa escuela ortodoxa en la que se crió el mediocre entrenador que hoy tiene ‘La Roja’, sería perder veinte años de evolución y sería volver a ser ‘La Furia’, a ser toro y no torero. Por eso cada análisis que se haga debe ser una reflexión consciente de todo lo que implica pedir la titularidad de Navas en este momento, de creer que los problemas que presentó España en sus dolorosa e inesperada derrota fueron debido al estilo y no, como en realidad fue, a algo netamente futbolístico y que va más allá de estilos y jugadores.

Para empezar, hay que entender que España es un equipo completísimo, muy competitivo, que cuenta con varios de los mejores jugadores del mundo en cada posición y que, aunque muchos crean lo contrario, no es el Barcelona en rojo y sin Messi, sino que se trata de un equipo muy distinto y que encuentra similitudes en el estilo y en algunos jugadores, pero que en esencia y concepción está bastante alejada del equipo blaugrana y, cabe aclarar, es mejor equipo que el de Pep.

La España de la Euro era agresiva y profunda, con los de arriba moviéndose y generando espacios y ventajas para los de atrás, mientras la España que se vio ante Suiza fue un equipo estático y que “se olvidó de las porterías”. La España de Luis atacaba y defendía desde el colectivo, mientras que la España de Del Bosque pareciera depender del talento individual.


Es increíble que la gran oportunidad de España para escribir en letras de oro su nombre en la historia del fútbol esté a cargo de Vicente Del Bosque y sus convicciones ortodoxas y tópicos erróneos. España cuenta con una nómina mejor que la de la Eurocopa y, aún así, Vicente ha sido incapaz de mantener el legado, al menos por ahora, de Aragonés.

Sudáfrica 2010, primeras impresiones


Tras haberse jugado los primeros 4 grupos del mundial, y aunque ya lo suponíamos incluso antes del sorteo de grupos del mundial, tras esta primerísima fase del mundial, llena de pequeñas decepciones, ya tres selecciones han presentado candidatura oficial para ser quienes levanten la Copa del Mundo dentro de un mes: Argentina, Inglaterra y Alemania.


Messi y Maradona despertaron con Argentina

La albiceleste llegaba al Mundial de Sudáfrica llena de dudas y polémicas. Por una parte, las convocatorias, los eternos cambios de sistema y los mediocres resultados en la fase previa al Mundial habían puesto al entrenador, Diego Maradona, en el centro de las críticas a una selección de tradición y que nunca ha terminado de gustar dentro del panorama futbolístico, y, por otra, mientras Lionel Messi, el mejor jugador del mundo, Cristiano Ronaldo mediante, descollaba en su club de origen, el FC Barcelona, todas sus participaciones con su selección habían terminado, por lo menos, con un balance poco satisfactorio.

El porqué de todas esas anomalías en un seleccionado con nombres muy importantes en todas las zonas del campo es, desde la objetividad, quizá fácil de explicar, pero difícil de entender sin vivir el día a día de lo que ha sido la Argentina sin el Maradona jugador. Para empezar, la selección venía de un proceso ampliamente criticado por falta de identidad, de resultados, de “amor por la camiseta” y de oportunidades para la gente del fútbol local en las convocatorias, monopolizadas por la legión europea. Maradona, ídolo máximo argentino, no sólo a nivel deportivo, sino también desde una perspectiva global, fue elegido encargado para devolverle todo eso a Argentina, pero así como el defecto de los mismos fue blanco de críticas, los excesos de Maradona no generaron simpatía con toda Argentina. Diego trató de devolverle a Argentina sus valores futbolísticos tradicionales y mejorar los resultados de otras épocas, sin mucho éxito, aunque si se puede decir que volvió el sacrificio, y la simpatía de la gente con quiénes conformaban su selección, no desde la calidad, sino desde las ganas de vestir la elástica. Más de 100 convocados en año y medio al mando, oportunidades para todos hasta el defecto, para que todos se sintieran involucrados con el proceso y no se pudiera señalar más a los jugadores de la selección de estar allí sólo por jugar en las mejores ligas extranjeras y no por calidad real. Ese ha sido el gran éxito de Maradona como entrenador, pero a costa de que el seleccionado no tuviera rodaje y que la inmediatez no haya permitido a Maradona crear el hábitat perfecto para los llamados a liderar la selección hacía el triunfo en Sudáfrica con Messi a la cabeza.

Hasta el inicio del Mundial, Messi nunca se le había regalado a Messi un hábitat en el cual potenciar su fútbol, y en consecuencia potenciar el colectivo. Antes Argentina era una suma de individualidades que luchaban entre sí por los mismos espacios, recortándolos y disminuyéndose. Sin embargo, en el partido ante Nigeria vimos una Argentina como nunca la habíamos visto, y a un Messi como nunca lo habíamos visto en Argentina. La albiceleste jugó muy bien, aunque con problemas grande, identificables y solucionables, con Messi jugando de 10 y Tévez, Verón e Higuaín escoltándole con calidad. Tévez e Higuain trabajaron excelentemente la banda derecha y la delantera, permutando y dejando sin foco a la frágil defensa nigeriana. El nivel de asociación entre los “cracks” fue altísimo, y la transición ofensiva argentina demostró ser demoledora, a pesar de Enyeama. Argentina pudo haber goleado, haciendo justo el resultado, pero el portero nigeriano lo impidió y eso permitió que pudiéramos ver las dos caras de Argentina. La de zona de aceleración y gestación, y la defensiva y la salida pobre desde atrás; La de la banda derecha que absorbe posesión y fútbol, y la izquierda carente de implicación en el juego. Diego tiene tiempo para corregir a una Argentina que borró las dudas de muchos aficionados.

Inglaterra, Capello y Heskey no gustan, pero convencen

Inglaterra y Capello no dejaban lugar a la duda. Iban a clasificar, iban a ganar e iban a ser más favoritas que nunca gracias a la presencia del mejor entrenador de los últimos quince años (Con Cruyff no se puede competir) en el banquillo inglés. En su debut, los de Capello no causaron sensación en el aficionado de a pie, pero son el equipo más serio que se ha presentado, a falta de ver que ofrecen España y Brasil. Lejos de ser lo que a muchos nos hubiese gustado ver (Barry – Lampard en la base de la jugada, Lennon y Young en las bandas, Gerrard en la frontal y Rooney de punta único), la Inglaterra de Capello es un muy buen equipo, competitivo y que juega muy bien al fútbol, con una transición defensiva que difícilmente sea superada en el Mundial por alguno que no sean españoles o brasileños.

La selección inglesa se presenta en Sudáfrica con un 4-4-2, muy típico de los equipos de Capello, hecho para ganar, pero que en el primer partido ha dejado entrever puntos débiles muy claros dentro de un abanico de puntos no fuertes, sino fortísimos. Para empezar, Green demostró estar muy lejos de la élite, y eso significa un hándicap muy sensible para Inglaterra, comparado con los Buffon, Casillas y Julio César, e incluso los Romero, Lloris, Neuer o Sketelenburg. Con Green y el balón, que ya ha dado de que hablar, la frontal inglesa y los rebotes serán de extremo cuidado para Capello, pero es ahí, en esa zona, precisamente donde se encuentra el segundo aspecto a mejorar por el entrenador italiano. Lampard y Gerrard, sobre todo, son jugadores monumentales, geniales, mas ninguno de los dos es mediocentro, y juntos en esa posición restan más de lo que suman. No se trata de que no tengan capacidad técnica para la gestación, sino que sus movimientos sin balón no son los correctos la mayoría de las veces, tienden a estar yuxtapuestos, y no se siguen el uno al otro a nivel mental, no coordinan, y, en consecuencia, la zona de mediocentros no está siempre bien ocupada, y ninguno de los dos juega en la zona en que más hacen daño. En la segunda parte del partido ante USA, Capello adelantó un poco a Lampard, pero es una solución “parche”, más que una solución real al gran problema en el funcionamiento inglés. Gareth Barry se muestra como la carta más convincente para jugar de mediocentro, lo que significaría que Gerrard o Lampard se moverían a una de las bandas, e Inglaterra jugaría con un solo extremo. Es lo lógico y seguramente lo que hará Capello.

Por otro lado está Emile Heskey. Para la función que juega el delantero del Aston Villa, yo hubiese preferido a Bobby Zamora, pero la decisión de Capello ha salido bien, y el ‘moreno’ jugó un gran partido en el debut, manejando bien la segunda jugada y ocupando el área con inteligencia. Inglaterra, solucionado el problema del mediocentro, es el candidato más firme hasta hoy, y en torneo corto su grado de competitividad los hace más fuertes aún.

Alemania y Ozil enamoran, ganan y golean

Quien suscribe esta entrada tiene como primer equipo en este Mundial, dado que su selección no clasificó, al conjunto teutón. Ya son cinco los años en que la Bundesliga hace parte activa de mis fines de semana, en detrimento de una liga española venida cada vez más a menos, y el haber tenido la oportunidad de disfrutar de todo el proceso Klinsmann – Low, ha hecho que mi cariño por la selección germana haya aumentado: Juegan muy bien al fútbol, y ¡Me divierten!

La generación con la que Alemania llega a este Mundial es esperanzadora y emocionante. Joachim Low apostó por el cambio generacional sin perder la competitividad. Viene a ganar y no sacrifica talento por competitividad en la mayoría de los casos. Para todos aquellos afines a la Bundesliga, la exhibición de los germanos no fue una sorpresa, sino una confirmación de que las cosas se están haciendo bien. La Bundesliga crece a velocidad crucero, y es firme candidata a ser la mejor liga del mundo si la Premier se descuida.

Es imposible negar que los futbolistas alemanes siempre han tenido calidad técnica y futbolística notable. No hay que ir a ejemplos como Beckenbauer o Matthaus, sino que basta con recordar Netzer o Littbarski para darse cuenta de lo erróneo que es el estereotipo sobre el fútbol y los futbolistas alemanes. Hoy, y sobre todo en un futuro, los Tasci, Khedira, Kroos, Muller, Marin y Ozil son futbolistas buenísimos, que juegan un fútbol tan lúdico como bueno, y que copan y coparán los equipos alemanes.

Alemania regaló una exhibición de fútbol ante una débil Australia, que tuvo como elemento más fuerte la presión en el medio del campo, dominando por completo a los oceánicos, y con Ozil y Muller dando su carta de presentación como futuros, y presentes en el caso de Thomas, jugadores de equipos de la más alta élite. Lo de Ozil, en particular, ha sido la mejor individualidad de estos pocos días de torneo y ha inscrito su nombre como candidato al balón de oro del Mundial. Remarcable también el partido jugado por Lukasz Podolski y Miroslav Klose. La pareja de polacos, siempre y cuando jueguen con la elástica alemana, rinden a un nivel superlativo, y siempre marcarán goles. Podolski, en particular, hizo un partido grande, siendo agresivo, profundo y vertical (Little Hristo lo llamó alguien que conozco).

Aún con todo lo bueno, lo buenísimo y lo excelente que dejó Alemania, hay cosas, como siempre, a mejorar. Era de intuir que la falta de mediocentro iba a proporcionar ciertos problemas en la gestación de la jugada, puesto que Schweinsteiger es un jugador bastante pobre en la interpretación y lectura del partido, además de no contar con panorama alguno. Khedira, un jugador muy “Guti”, tampoco es mediocentro, sino más bien un interior “10”, no siente la posición, y, a pesar de que tiene cualidades para hacerlo, nunca fue una vía de escape a la presión australiana. Nada que no se pueda solucionar con un par de charlas, y que se solucionaría más fácilmente con la alineación de Kroos, o bien con la convocatoria y titularidad de Simon Rolfes.

Alemania juega bien, falta ver su nivel competitivo ante un rival más fuerte, aunque ya se ha asegurado un puesto como candidato “oficial”.

Outsiders y Francia: Decepción tras decepción

Difícilmente llegarán, salvo sorpresa mayúscula, a ser campeones del mundo, pero tienen la obligación de amenizar el campeonato, llegando hasta las fases de eliminación directa, y normalmente, colándose alguno incluso a semifinales.

Hasta la fecha, de los equipos que han jugado, corresponden a ese perfil los seleccionados de México, Uruguay, Corea, Nigeria, USA, Serbia y Ghana, pero sólo uno de ellos, sin contar a Corea porque servidor no ha tenido la oportunidad de verlos en acción, ha colmado las expectativas: Ghana. Los africanos, aún con sus dos jugadores de más nombre lesionados, han dejado una grata impresión, gracias a su disciplina y orden táctico, la calidad de varios de sus jugadores y su muy buena transición defensiva que, ayudado también por la falta de ideas y profundidad de Serbia, controló y anuló totalmente a su rival, a priori superior por la calidad de sus futbolistas.

México, que viene con un equipo mixto entre juventud y veteranía, decepcionó en el partido inaugural. Aunque la idea mexicana es sublime, con esa salida del balón tan característica del Lavolpismo y del fútbol mexicano, y con esa apuesta a la generación del mundial juvenil del 2005, no fue ejecutada con eficiencia por los mexicanos. Inexplicablemente, Aguirre apostó por Franco en lugar del “Chicharito” Hernández en la punta de ataque, y debido a eso México perdió muchísimo en zona de aceleración. Por otro lado Márquez no logró ejecutar su permuta entre el mediocentro del 4-3-3 y el central del 3-4-3 por razones físicas, que no futbolísticas, y fue castigado por Sudáfrica. Hace un par de años hubiese sido una apuesta segura, pero hoy día es un hándicap. En pro de solucionarlo, y sin cambiar el sistema, Osorio podría cambiar de puesto con Márquez sin perder calidad.

Uruguay y USA dejaron una imagen esperanzadora por los sistemas empleados, aunque una actitud muy conservadora les obligó a rendir por debajo de sus posibilidades. Uruguay con su 5-3-2 no jugó un mal partido, pero pensaron demasiado en el rival y los laterales condicionaron negativamente la transición ofensiva uruguaya por su miedo a correr la banda, mientras que USA presentó un equipo capaz de competir, organizado y bien dirigido que no supo aprovechar la falta de mediocentro en Inglaterra, que Donovan pudo haber explotado, por tener más en mente defender la banda que atacar.

Párrafo aparte para Francia que con Domenech ha dejado bien claro que no son candidatas del Mundial, a pesar de que por jugadores y jerarquía deberían serlo, puesto que no han logrado hacer un equipo, sino que son una suma de individualidades muy al estilo Argentina – pre Mundial, pero sin Messi, ni Tévez ni Agüero, y sin Nasri y Benzema tampoco.