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miércoles, 1 de septiembre de 2010

La apuesta por el talento


Era Domingo. Por la mañana había visto la victoria del Barcelona sin mucho interés. Luego tocó el turno del Madrid de Mourinho. Las expectativas eran altas, pero el partido fue decepcionante, una oda al mal juego (Algo que debí haber presupuestado cuando vi a Lass en el once). Con los ánimos un poco bajos por el mal espectáculo presenciado, me dispuse a ver el Milan - Lecce en diferido, a sabiendas del resultado, y sabiendo que Zlatan todavía no iba a ser parte del equipo. Las expectativas, al contrario que con el partido del Real, eran bajas. La sensación después de terminado el partido era de felicidad.

La primera mitad de Ronaldinho y, sobre todo, Pato es orgásmica. Ronaldinho no tiene ya el físico de hace cinco años que le permitía explotar todo su (Inmenso) fútbol junto a su perfección técnica, pero aún así Ronaldinho sigue encontrando recursos para dotar a su equipo del fútbol que atesora. Arrinconado en la banda izquierda, no regatea nunca en carrera, no lo intenta, aguante el balón, lo pisa, lo mueve, y vienen uno, dos, tres y hasta cuatro jugadores rivales. Y no lo pierde nunca. Se asocia, se mueve, se asocia y, entonces, ya está en zona de aceleración y pone un pase magnífico a Pato. El Milan desborda. Pato se deshace de las ataduras de su posición y rompe en diagonal hacia la izquierda y combina con Ronaldinho. La atracción que ejercen es tan grande que Borriello tiene espacios. La siguiente jugada hace lo contrario y abre el campo por la derecha, recibe, desborda, ve el hueco, se mete al área y remata. Minutos después hace un desmarque de ruptura potentísimo, Pirlo le lanza el balón, la mata en el área, elimina rivales y remata. El Milan gana.

Pato y Ronaldinho, Ronaldinho y Pato. La dupla que le dio vida al Milan la pasada temporada, y lo hizo ser un equipo difícil de derrotar en Champions (O al menos no tan fácil). Se sumaban Seedorf y Pirlo, además de un partido ante un rival fácil, en un contexto poco exigente. El Milan golea. Y divierte. Y juega al fútbol. De vez en cuando aparecía el desespero en mi rostro por culpa de Borriello, pero inmediatamente la cámara enfocaba a Ibrahimovic sonriente en la tribuna. Me imaginaba a Pirlo lanzando el balón a Ibrahimovic, que la aguanta la frontal, detiene el mundo, y pasa a Dinho que la aguanta dos segundos, esperando el desmarque de Pato, y envía un pase interior a la espalda de los centrales para el ex-Internacional que recibe, regatea al portero y marca.  El Milan por fin volvía a pesar, apostaba por el talento y el talento respondía.

Y luego se produjo el fichaje rey del verano. El jugador del mercado que más podía mejorar un colectivo, y al que pocos se atrevían. El Milan apostó y seguramente se regodeé a final de temporada de su acierto. Robinho llegó a Milan a darle una dimensión colosal al proyecto. Hay 15 (jugador arriba, jugador abajo) futbolistas en el mundo capaces de ser un discurso futbolístico que condicione todo un partido elite, y el Milan, que ya tenía uno aún por explotar, ficha dos con ganas de comerse al mundo, y a eso le suma que tiene un jugador con suficiente fútbol para desbordar cualquier equipo del mundo en un momento determinado. Una apuesta flagrante por el talento del más alto nivel. 

Sin embargo, a pesar de que el Milan aunó el talento suficiente para ser ellos mismos quienes se pongan límites, también es evidente que el equipo es imperfecto. La falta de solidez es el mayor peligro para el Milan. Si Allegri es atrevido y le da cabida a todo el talento que tiene en su poder, el Milan jugaría con cuatro delanteros y sólo dos mediocampistas. Los nombres que posee el equipo rossonero para esa parcela del campo, no son sinónimo alguno de seguridad. Andrea Pirlo y Clarence Seedorf, lejos los mejores centrocampistas del equipo, son fuente de duda. Los años no pasan en vano y la pareja de medios hace casi un lustro dejó de dar el nivel elite con regularidad. La pregunta de que si ellos dos podrán sostener al 'fab 4' rondará por la cabeza de Allegri durante el proceso de formación del equipo. Las otras alternativas, Mathieu Flamini, Massimo Ambrosini y Kevin Boateng, tampoco parecen ser opciones fiables. Y si hablamos de la zaga, el panorama es peor. Thiago Silva aparece como único sostén medianamente competitivo. Los laterales rossoneri están lejos de la elite, y Nesta dejó de ser hace años el mejor defensa central del planeta. Panorama preocupante.

Si el Milan logra ser sólido con los mimbres que tiene, Allegri se graduará de entrenador, sino, deberá buscar en el mercado lo que debió haber encontrado ya hace un tiempo. El mercado de invierno, a priori, parece ser imperante para el Milan. Un centrocampista que sostenga todo lo que se genera arriba y que, además, le de carácter competitivo al conjunto, es absolutamente necesario. Pocos nombres concuerdan con el perfil y la mayoría de ellos son inaccesibles hoy día para Galliani. Sólo Mahamadou Diarrá es una alternativa posible, pero la falta de competición del pivote africano también podría generar dudas sobre su fichaje. Escenario difícil.

Aún así, y aunque no ganen nada este año, el Milan ha sido valiente y seguramente nos dará varios de los mejores momentos de la temporada. Es lo que tiene el talento, que los límites son los mismos que los límites de los sueños: Ninguno.

jueves, 26 de agosto de 2010

Ibrahimovic, causas y consecuencias



La situación de Zlatan Ibrahimovic y el Barcelona es crítica. Ibrahimovic llegó al Barcelona dispuesto a darle un techo futbolístico más alto, pero diversos motivos, varios de ellos ajenos al delantero sueco, desembocaron en un final de temporada tétrico, en el que el Barcelona, que había barrido con casi todos sus rivales la temporada pasada, se convirtió en FC Messi y comenzó a vivir sólo de las rentas del Argentino, mientras el ambicioso segundo año del proyecto Guardiola resultaba un fracaso en cuanto a fútbol, que no de títulos ni estadísticas.

Los primeros meses de Ibrahimovic en el equipo fueron buenos en cuanto al rendimiento y productividad, incluso llegó a decidir el primer clásico de la temporada con su gol al Real Madrid; Sin embargo, los problemas comenzaron a aparecer. Zlatan es un 9 especial hasta el defecto. Es la contraparte de Kaká, el centrocampista más delantero del mundo, por cuanto Zlatan, a pesar de ser claramente delantero, siente la administración de la frontal casi que como un 10, y no dota a su equipo de ocupación del área, al menos no de la manera en que lo hace un 9 común. El desmarque de ruptura en Ibrahimovic casi que no existe y, ante esa situación, los recursos Iniesta y, sobre todo, Henry debían lucir  con mayor brillantez que el curso inmediatamente anterior, en el que el Barcelona había gozado de un 9 al uso. Además de la falta de profundidad, Zlatan muestra su mejor fútbol en el mismo lugar que el mejor jugador del mundo, en la frontal del área. La bajísima forma de Henry obligó a Pep a alinear a Iniesta muchísimas veces como falso extremo izquierdo (La teoría de los tres "10"), formando así un tridente con tres jugadores con tendencia administrar el carril central, haciendo que, en lugar de multiplicar su fútbol entre sí, terminaran restando. El fútbol del Barcelona terminó degenerándose, y se volvió fácil de defender debido a la falta de profundidad y de presencia en el área (Los dos segundos que el Barcelona se detenía a esperar que el área estuviese ocupada, resultaban en dos segundos de oxígeno necesario para el rival y dañino para el Barcelona). Ibra no tenía la culpa, pero era parte sustancial del problema.

El fútbol es, sobre todo, un estado de ánimo, y la situación descrita en el anterior párrafo llevó al Barcelona a un estado de ansiedad peligroso. Dependientes absolutos de Messi, el rendimiento individual de varios jugadores menguó, en especial de Zlatan que, de ser fácilmente uno de los cinco delanteros con mayor tecnica en el mundo, pasó a fallar controles y pases sencillos.  Pedro comenzó a empujar fortísimo desde la suplencia, a punta de goles y fútbol, y terminó casi que sacando a Zlatan del equipo titular del Barcelona. El divorcio Ibrahimovic-Barcelona había empezado a fraguarse y el representante del sueco hizo el papel de moza, convirtiéndose en el catalizador de la situación hasta el punto al que ha llegado hoy, a falta de pocos días para el fin del mercado de pases y en la antesala del inicio de la Liga BBVA.

El futuro: Principio de la Incertidumbre

Con Ibrahimovic más cerca de Milán que de Barcelona, las preguntas sobre el futuro del Barcelona se hacen imperantes. El fichaje de David Villa se entendió como un guiño al delantero de origen Bosnio, pues el español hubiese dado ese grado de profundidad, presencia en el área y gol que Zlatan, desde la frontal, no da; Sin embargo, ante la situación actual, uno tiende a pensar que Pep repetirá la formula de la final de Roma y del 6-2 al Real Madrid: Lionel Messi como falso 9.

Aquellos dos partidos aparecen en el historial del proyecto Guardiola como los mejores, junto a un par más, y los más mediáticos, sin discusión. Fueron el clímax, al menos de lo que va, de la era Guardiola, y ambos tuvieron la particularidad que Lionel Messi administró el carril central jugando como falso delantero centro, posición desde la que Messi hace estragos, nada nuevo, y regala un techo futbolístico mayor que desde cualquier otra posición y que cualquier otro futbolista hoy día.

El porqué de ello es fácilmente explicable haciendo alusión al principio de incertidumbre de Heisenberg. Siempre consideré más fácil explicar dicho principio desde la pregunta contraria, es decir, ¿Qué es la certidumbre? A lo cual se responde que la certidumbre es, en relación al principio de Heisenberg, saber exactamente dónde y cuándo está algo. El principio reza que cuando se trata de electrones, la certidumbre es imposible. Relacionándolo con Messi, Lionel jugando como falso delantero centro, es un electrón, y el cuadrado o triángulo que forman los centrales y los mediocentros (O interiores) rivales los científicos que quieren saber dónde y cuándo está Messi, sin éxito alguno. Lionel está, no está y llega. Va, no va y viene. Revolotea libremente en esa zona sembrando duda en el sistema defensivo del contrario, además de generar espacios, ventajas y contextos favorables para su equipo desde la administración de ese espacio y de su contacto con el balón (Entre menor sea más peligroso se vuelve), sumado obviamente al peligro que generan sus cualidades (Regate, gol, pase, etc) tan cerca del área.

Para complementar ello, Pep usaría dos extremos con un perfil similar al desempeñado por Stoichkov en su época en el Barcelona: Diagonales de afuera hacía adentro, desmarques de ruptura, presencia en el área, apertura del campo, y gol. Clarísimo queda que David Villa sería uno de los dos extremos, seguramente el izquierdo, pero el extremo derecho quedaría cojo con sólo Pedro y Bojan llenando el perfil. Quién suscribe considera a ambos buenos jugadores, pero no cree en ninguno de los dos como titulares indiscutibles en el FC Barcelona, por lo que lo ideal sería buscar otra pieza en el mercado, y, a falta de poco tiempo para su final, el único nombre que suena es Robinho.

El brasileño es un jugadorazo, capaz de sustentar el discurso futbolístico de un equipo grande, de condicionarlo todo. Lo hemos visto hacer eso en su último año en Madrid y en la selección brasileña. Tiene fútbol inagotable y ofrece, además, el perfil táctico que requeriría Pep. El Barcelona ganaría muchísimo fútbol en ofensiva y adquiriría un techo aún más alto de lo que significaba Ibrahimovic de 9. Y por supuesto ganaría el fútbol y nosotros los espectadores.

domingo, 15 de agosto de 2010

Sobre el fútbol

Empieza la temporada 10/11, y en Fútbol de Centrojás queremos compartir ciertos lineamientos que, quien escribe, sigue para su disfrute del fútbol, y que, obviamente, serán los lineamientos que seguirán los análisis que aquí se hagan.



Hace unos días tuve la oportunidad de leer el magnífico ensayo de Estanislao Zuleta “Sobre la lectura” en el que el filosofo colombiano hace una crítica fortísima al sistema educativo y a la forma de leer del hombre moderno, además de que invita y enseña a leer bien. En su ensayo, Zuleta dice que la buena lectura es una lectura trabajada y que inicia con una pregunta. Lo que Zuleta dice que debería ser la buena lectura es algo que a mi me gustaría aplicar al fútbol. El espectador común se pierde, como el lector común, el 80% del espectáculo por no hacer una buena lectura de lo que pasa en el terreno de juego.

Dentro de su ensayo, Zuleta escribe que: uno puede leer Crimen y castigo sin darse cuenta de que no ha entendido nada, sino que un señor mató a dos viejas y finalmente lo metieron a la cárcel; y en las páginas rojas de los periódicos aparecen cosas de esas todos los días, eso no quiere decir nada, eso no tiene que ver nada con Crimen y castigo”. Lo mismo pasa con muchísimos partidos de fútbol. Parafraseando a Zuleta, uno puede ver la final de Roma y pensar que el Barcelona ganó 2-0 y que Xavi e Iniesta ganaron el partido, y eso no fue lo que pasó en Roma. La final de Roma es Lionel Messi diciéndole a Cristiano Ronaldo que el no quiere ser el mejor del mundo, que el quiere ser el mejor de la historia. La final de Roma no es Xavi e Iniesta. La final de Roma es Lionel Messi.

Para empezar, hay que entender el fútbol como un deporte de gama alta, de alta complejidad. El fútbol no goza de la fuerza mediática en ese sentido que si tienen otros deportes como el Hockey, el Ajedrez o el Baloncesto, y eso crea la sensación de que el fútbol es sencillo, y no se le da la dimensión que merece un deporte en que participan 22 seres humanos y una pelota, impredecible, en un terreno de 100 x 65, y que, además, se juega con los pies. La cantidad de variantes que resultan de eso es mucho mayor, por ejemplo, que la de llamado “Deporte Ciencia”. Detrás de la simpleza de su concepción (Dos porterías, dos equipos, un balón, gana el que haga más goles), el fútbol esconde su carácter complejo.

Todos los equipos del mundo son formados para ganar, y, para ganar, existen miles de formas. Es tan bueno, y tan difícil, el ganar con el 80% de posesión y fútbol de toque, como el ganar con 30% de posesión, defendiendo en el borde del área y contragolpeando. Los estilos, estilos son, y uno de los prejuicios que entorpecen el disfrute del fútbol en su máximo sentido es, sin duda, el creer que un estilo es mejor, o conlleva mayor dificultad, que otro. Lo importante en el fútbol es el espacio, crearlo y administrarlo, y el balón, el saber a donde llevarlo, como llevarlo y a que velocidad. La relación entre esos dos conceptos, porque eso es lo que son, es estrechísima, y para entender que es lo que pasa en el terreno de juego, es necesario estar atentos al porqué y al para qué de su uso.

La comprensión, y la buena lectura, del fútbol se da cuando uno ve el fútbol "a la luz de un problema", como dice Zuleta de la propia lectura, entendiendo problema como "una esperanza y una sospecha. La sospecha de que existe una unidad, una articulación necesaria allí donde hay algunos elementos dispersos, que creemos entender parcialmente, que se nos escapan, pero insisten como una herida abierta; la esperanza de que si logramos establecer esa articulación necesariamente quedará explicado algo que no lo estaba". Entonces, cuando uno se pregunta porque España 2008 puede defender tan fácil cuando pierde el balón Torres tras centrar al área y para qué Torres, delantero centro, tira un desmarque de adentro hacia afuera tan radical, y une ambas preguntas, es cuando uno empieza a disfrutar del fútbol en su complejidad. Detalles que para el aficionado común, están, pero no interesan, son la esencia de este deporte, y es desde ellos desde donde se puede explicar que Pep Guardiola era buenísimo, o que Brasil 82' es, quizá, el mejor equipo de fútbol que ha existido.

El último paso es el de la interpretación, y anterior a este es el de la pregunta, sin embargo, el primer paso es la sensación. El fútbol es un deporte en que la sensibilidad, en cuanto a estímulos, no sentimientos, es factor primario. Para ver fútbol hay que tener los sentidos despiertos, percibir situaciones, preguntarse e interpretar. Robinho efectua un desmarque semicircular por detrás de Kaká, y Kaká abre el balón para Bastos que aparece solitario en banda. El lector de fútbol debe primero percibir que hay pasó algo especial, luego preguntarse el qué, el porqué y el para qué, y, sólo entonces, interpretar que fue lo que pasó. Y disfrutar. Ese trabajo hermenéutico tiene su premio en la satisfacción que producen esos detalles. Lo especial siempre produce satisfacción, y ese tipo de situaciones son especiales.

Obviamente no digo, ni quiero decir, que leer el fútbol sea la única manera de disfrutar de este excepcional deporte, bello como ninguno, y lleno de pequeñas glorias. No, en lo absoluto. Aquel que disfruta el fútbol desde el amor a unos colores, por encima del amor a la pelota, lo puede llegar a disfrutar más que otros. Así como aquel que se divierte escuchando las, muchas veces totalmente absurdas, discusiones de periodistas, y luego va al bar a ver el partido con los amigos mientras se emborracha. El fútbol es infinito y ofreces infinitas opciones de disfrutarlo. Queda en cada uno la decisión de como desarrolla su pasión por él.

domingo, 25 de julio de 2010

Sublimar la percepción

Dice Enric González que “ninguna victoria es tan bella como un buen fracaso”, cierto, pero incompleto. Enric, gran escritor y contador de historias, olvida que, además, no hay nada más bello que el fracaso de un coloso, ni siquiera el triunfo de un pequeño. Mientras la victoria engrandece el alma, la derrota la trasluce y la vuele más humana, más terrenal.


Lo ocurrido hoy en Port Elizabeth fue inesperado, y tremendamente bello. La alegría holandesa al final del partido, quizá y sólo quizá, puede ser considerada justicia poética, como las derrotas de Italia y Francia, y las victorias de Argentina, pero la tragedia brasilera evoca los sentimientos más profundos de humanidad que, aquellos que sentimos este deporte como sangre en las venas, podamos sentir. Estética pura. Eso fue lo que representó Brasil en la Copa Mundo. Y que no se confunda, estética desde el significado filosófico, que es el más bello que pueda haber.

Y lo más trágico de todo es que Brasil, el coloso más colosal del planeta fútbol, era bellísimo. Brasil destilaba belleza. Ese ritmo lento adormecía los sentidos y levantaba las sensaciones, sublimaba la percepción y el subconsciente. Brasil es inspiración colectiva y, ateniéndonos al ensayo sobre lenguaje y fútbol de Pier Paolo Pasolini, tendríamos que decir que Brasil es la prosa de Milan Kundera. Brasil es Kundera, y Kundera es la manta que abruma el intelecto y exalta el grado más alto de sensibilidad. Brasil también es Shine On You Crazy Diamond de Pink Floyd, y Brasil es la definición futbolística del último álbum de Jorge Drexler, Amar la Trama. A Brasil no le importaban los goles, sabían que al final siempre llegaban, a Brasil le importaba la sensación previa.

Pero, sobre todas las cosas, Brasil es Robinho. Tratar de explicar este Brasil sin mencionar a Robinho es como describir a la Argentina y no hablar de fútbol. Lo segundo puede explicar el resto por sí solo, pero el resto no puede hacerlo sin ello. Robinho es sublime. Cada pase, cada pausa, cada paso, cada toque es un control de los espacios, es la respuesta a un estímulo y la creación de una sensación. Para quien escribe, Robinho es huracán de percepciones ¿Qué va a hacer? ¿Qué hizo? ¿Para qué? ¿Por qué? ¿Con qué sentido? ¿Hacia dónde va? ¿Qué dirección tomará? Se dibujan en mi mente en los instantes en que el brasilero aparece en la pantalla y, al final de la jugada, siempre, siempre sonrío porque Robinho es único. Seguro Cruyff se refería a eso cuando decía aquello de “gallina de piel”.

Es quizá por eso, por Robinho, que Brasil me gustó tanto, me transmitió tanto. Por allá en 2007 cuando Dunga ganaba la Copa América, Brasil no me gustaba. Hace un año cuando ganó la Copa Confedereaciones, Brasil tampoco me gustaba. Era la Brasil de Dunga, un gran equipo, pero no me llenaba la vena estética. La Brasil de Sudáfrica fue más la Brasil de Robinho y menos la Brasil de Dunga. No estuvieron Ronaldinho, ni Hernanes, ni Marcelo, pero qué más da ahora. Estuvo Robinho, y Robinho fue amo y señor de la pelota. Eso siempre se agradece.

Se va Brasil y se va Robinho. También se va Dunga. El gran campeón jugó un fútbol muy bello, y perdió con el campeón sin corona que jugó horrible. Ironías del fútbol que mientras termino de escribir esto regala un final de infarto a Uruguay, por aquello de que con Francescoli no pasó, y le hace pasar un trago amargo a Ghana qué también fue una prosa muy bien escrita. Se fue Brasil. Hay “Saudade”. El mundial continua, pero este día difícilmente puede ser superado en belleza y contenido épico.

Dominio total


Confieso que el mejor equipo que he podido ver es la selección Brasil que participó en la Copa Mundial de Fútbol de España 1982, y que se fue eliminada tras perder el triangular, posterior a la primera fase, en el que se enfrentó a la Argentina de Menotti, a la cual ganó, y a la Italia de Bearzot, a la postre campeona del mundo, que los venció 3-2 en uno de los partidos de mayor calidad y más bonitos de la historia del fútbol.


Brasil 82’ derrochaba fútbol en cada una de sus líneas y movimientos, y, además eran bonitos. Eran técnica, física y tácticamente buenísimos, y literalmente barrían a todos los equipos que enfrentaban. Eran superiores a todos, lo sabían, y sólo dos fallos de concentración de un clase mundial como Júnior pudieron, sin restarle méritos al gran conjunto italiano del 82’, arrebatarles un titulo que debió ser para ellos. Competir con la imagen mediática de Brasil 70’, sin haber sido campeones del mundo, ya habla lo suficientemente bien por aquel equipo de Telé Santana, pues eso es algo que ni siquiera “La Naranja Mecánica” logró.

Brasil modelo 2010 dista mucho de ser Brasil 82’, tampoco aspiran a serlo, empezando porque, por ejemplo, los puestos que hoy ocupan Bastos, Melo, Silva y Elano, pertenecieron a Júnior, Falcao, Cerezo y Sócrates en el mítico equipo, sin embargo, han pasado veintiocho años desde eso y la selección brasilera, por la que han pasado genios como Romario, Rivaldo, Ronaldo, Roberto Carlos o Ronaldinho, nunca se había sentido tan superior al resto, tan dominante, tan ama del partido.

Y Brasil, por encima de todo, es eso. El Brasil de Dunga es el dominio absoluto del partido. Hace un par de días escribí en Twitter que Brasil había venido a África de Safari con unos cuantos dardos somníferos y un par de dardos mortales. Creo que nunca una metáfora tan mala ha sido tan acertada a la realidad. Brasil duerme el partido, impone su ritmo lento, a veces muy lento, saca al rival del partido y, de repente, cuando menos lo esperas, sube el ritmo de forma violenta, pero sutil y suavizada por fútbol, y te marca uno, dos, tres goles o los que crean suficientes. El mensaje es claro: “Somos los mejores, somos los dueños del partido y hacemos con él lo que queremos”.


Soy el primero que crítica a Dunga por ponerse el mismo un límite demasiado bajo para que lo que podría dar Brasil. Jugadores como Marcelo, Hernanes, Diego, Pato, Ronaldinho, Ganso o Neymar le hubieran dado un límite a Brasil muchísimo más alto e igual de competitivo e igual de ganador. También soy el primero que aplaude su trabajo porque ha creado el mejor equipo del mundial, el único que ha demostrado empaque de campeón. Brasil es buenísimo táctica, técnica, física y futbolísticamente. Son superiores y así se portan en el campo cada vez que juegan. Ayer Chile, que también es una delicia futbolística, quedó eliminado y ni siquiera incomodó a la “verdeamarelha” que jugó un partido de campeón mundial. Brasil es caviar, Brasil es fútbol. Una delicia para quien quiera disfrutarla.

El plan es claro y bien ejecutado. Una defensa de cuatro técnica y físicamente potentes, preparados para salir desde atrás y para defender cualquier situación y cualquier futbolista, incluso Lionel Messi. La salida normalmente se da desde Maicon por la derecha, aunque no es la única opción. Lúcio, Felipe Melo y Michel Bastos ofrecen otras opciones válidas para Brasil, haciendo muy difícil que les compliquen en su propia mitad, tal y como intentó Costa de Marfil. La primera línea del mediocampo al ocupa el doble pivote Silva-Melo. Este último está cuajando un buen mundial, tanto con balón como sin él, mientras Silva se encuentra muy cómodo y abrigado por todo el sistema brasilero. Como interior derecho aparece Elano, quien abre el campo por derecha y aparece con más frecuencia en zona de aceleración, aprovechando el efecto “tracción” que genera la banda izquierda del equipo. Ese 4-3 le da a Brasil una coraza sólida como ninguna otra en el mundial y que permite que el trío de arriba pueda desplegar su fútbol.

Kaká y Robinho están haciendo un buen mundial, en el caso del jugador del Real Madrid, y un gran mundial en el caso del ex – merengue. Cuando la pelota llega a la banda izquierda de Brasil, el fútbol hace presencia. Robinho recibe, pausa, hace circular, aguanta la pelota, avanza, se desmarca, duerme y oxigena. Una y otra vez el rival cae ante la red de fútbol de Robinho y Kaká, y, entonces, se deciden a marcar, y la velocidad aumenta vertiginosamente, y a esa velocidad sólo ellos logran leer la jugada que termina irremediablemente en gol la mayoría de las veces. ¿Cuántos pases? Los justos ¿Cuántos regates? Los necesarios. Así avanza Brasil, y se suma Luis Fabiano para finalizar todo lo que producen las dos cracks. Y a veces se suma Elano, o Maicon, e incluso Lúcio sale disparado desde el área y se une a la fiesta. No importa cuántos sean, Brasil logra más peligro con Robinho-Kaká más Luis Fabiano que equipos que atacan con cinco y hasta con seis jugadores.


Y el resto es historia. Brasil no tiene huecos, no hay fisuras en su sistema. Defiende dónde quiere, ataca cuando quiere y llegas hasta dónde Brasil te deja. Arriba ganan siempre, por abajo también. Kaká y Robinho a las orillas en transición defensiva para el contrataque letal. Uno no logra imaginarse a Brasil perdiendo, y uno puede intuir que sólo España reencausada ó Lionel Messi podrían hacerle daño a este equipo.

Ayer jugó Alves y Brasil fue más agresivo, más vertical y más bonito. Si fuera Dunga apostaría por el jugador del Barcelona porque le da un techo más alto a Brasil, y porque le da más opciones en la base de la jugada a un Brasil que necesitaba más elaboración para ser más mortífera. Pasó ante Chile, una lástima, pero le sirvió a Brasil para dar un contundente golpe de efecto y España va a necesitar mejorar mucho para competir con eso.

Brasil es fútbol, y fútbol es el dominio total.