Veintitrés años atrás en el tiempo, un aún joven Johan Cruyff hacía presencia en el Mini-Estadi. Venía a ver a los futbolistas del filial blaugrana, buscando talento para adherir a su equipo, en una época dónde el frenesí de fichajes estaba coartado por la inexistencia de la ley Bosman. Como un flechazo, Johan fijó sus ojos en el niño flaco y débil que jugaba por la derecha y respondía al nombre de 'Pep'. Enseguida ordenó ponerlo de mediocentro único. La leyenda del '4' culé tuvo inicio y, dos temporadas luego, Guardiola asumiría como mediocentro del primer equipo.
El Cruyffismo dejó una huella imborrable e imperdible en la entidad. El cambio cultural, de identidad y de sentir el fútbol fue definitivo. Hoy el aficionado del Barça tiene los valores genéricos, porque el Dream Team es un equipo único, de aquel conjunto interiorizados como, quizás, no los tiene ningún otro club aficionado del planeta. Y eso no sólo se trasladó al aficionado. El proceso de formación de futbolistas en Can Barça sufrió el mismo proceso y, a partir de allí, los futbolistas de la Masía responden a un patrón específico, en especial aquellos que tienen la suerte de ser centrocampistas. El modelo del '4' rompió las fronteras de la posición, y se convirtió, no sólo en un concepto, sino en otro elemento de la identidad blaugrana.
Quitando el - gran - año de Robson, y la época oscura del Gaspartismo -Aunque bien se podrían contar-, desde el club se ha apostado por entrenadores que preservaran el modelo. Tras Cruyff, llegó Van Gaal y todos asistimos al equipo de Pep Guardiola (En el Dream Team aún no mandaba), ahora sí con el '4' en la espalda, y la cinta de capitán. El 'Noi de Santdepor' fue el primero de muchos, sí, pero también el símbolo del Barcelonismo y el heredero de la filosofía. Las diez temporadas que Guardiola dio lecciones de juego desde el círculo central del Camp Nou quedaron grabadas, a fuego, en la conciencia colectiva de una generación. No fue el mejor, pero era el más especial y era el nuestro.
Aún así, la marcha de Guardiola, conjunto al ascenso de Xavi Hernández y el Gaspartismo, significó un cambio en el paradigma. Xavi estaba llamado a suceder a Pep en la posición, allí se formó y allí jugó varios partidos, con éxtios y fracasos. Con Rijkaard en el banquillo, Xavi comenzó el proceso evolutivo del dorsal, al ocupar el interior diestro, en lugar del mediocentro, que fue ocupado mayoritariamente por Edmilson y Rafa Márquez. El éxito del movimiento no dio espacio para críticas de ninguna naturaleza. Con Rijkaard se volvió a conquistar la Champions League y se dieron los primeros pasos hacia la conquista del trono que hoy ocupa el Barça como coloso europeo. Sin embargo, aunque pagando el peaje de Touré, algunos nostálgicos suspirabamos cuando en sus momentos más románticos, a Frank se le daba por alinear a Iniesta de '4', el mismo Iniesta al que Pep había dado la bienvenida al primer equipo.
Entonces... Pasó. Guardiola llegó al banquillo y todos esperábamos la vuelta del '4', confiados en la influencia de Cruyff en su alumno más especial. Pero no fue. En su decisión más Cruyff, mas con claros antecedentes en Van Gaal, Pep se sacó de la chistera a Sergio Busquets. El hijo del ex-portero culé es un interior de formación, especialista en el apoyo, en la continuación y no en el mando. Técnico y filigranero, y con una buena lectura de la presión en campo contrario, Busquets, que no es ni mediocentro, ni es '4', se ganó un puesto en el equipo. Sus virtudes se adaptan como pelota al pie de Iniesta a las necesidades del equipo, y sus defectos, varios, son escondidos por el buen hacer del colectivo. En su afán supercompetitivo... Pep nos defraudaba.
En el camino ganaron casi todos los títulos, colectivos e individuales, se consagraron como el mejor Barcelona de la historia, y plantaron su firme candidatura a mejor equipo de la historia, pero nos faltaba algo, nos faltaban las dosis de cruyffismo, que nuestro sentir anhela, nos faltaba, por lo menos, el '4'. Tras tres temporadas, llegó, por fin, el gran día de Pep Guardiola, y en que, para goce nuestro, Pep se encontraba con Cruyff.
"Un día tú serás el '4' del Barcelona". Las categóricas y premonitorias palabras de Pep Guardiola se hicieron realidad hace poco más de un mes. Llegó Cesc y con él se completó el trío de mediocentros del filial. Xavi, del 80, Iniesta, del 84, Cesc del 87. Los tres mejores mediocampistas del mundo, y los tres ven lo mejor de sí partiendo de la base, y dominando en campo contrario. Lo fácil era hacer lo que hizo Luis, y darle a cada uno un rol armónico, sin solaparse y cada uno en lo suyo; Pero lo ambicioso, y no debe haber equipo más ambicioso que aquel que aspira a ser el mejor de toda la historia, era, no sólo volver al '4', como concepto y posición, sino hacer que el '4' fuesen todos.
Luego de un inicio quizá desconcertante, con el equipo jugando 3-4-3 un doble falso '9' formado por Cesc-Messi, la pareja más en forma del fútbol mundial. Personalmente pienso que el movimiento, más allá de tener continuidad puntual o no, buscó que Cesc ganase confianza en él mismo antes de enfrentarlo a la sombra de Xavi. Sea como sea, el de Arenys se adaptó ipso calcio, marcó goles, se ganó la afición y se puso a punto para la prueba definitiva que veríamos ante el Atlético.
El sábado presenciamos uno de los mejores partidos del Barça de Pep, y el más ambicioso a nivel fútbol de todos. Defensa de 3, Busquets flotando, rombo y dos extremos. La base era de todos y para todos, Cesc, Xavi, Thiago y Messi intercambiaban posiciones con naturalidad extrema, según las exigencias del balón y del partido. Tocaban las orillas para dar amplitud y crear superioridad por dentro, todos, de manera indistinta, mientras los extremos lanzaban el desmarque de ruptura para lograr profundidad. Partido excelso, fantástico y espectacular. Finalmente, para dar constancia de lo serio del discurso, ante los problemas que planteó el Atlético en la segunda mitad, Pep, en una decisión muy suya, inmediatamente metió a Piqué, sacó a Busquets, puso una línea de 4 y por delante se mantuvo la idea del rombo de posiciones ciertas y nombres inciertos... Ritmo y posición, que diría Cruyff.
Y aún falta Iniesta.
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martes, 27 de septiembre de 2011
domingo, 31 de octubre de 2010
Festival de fútbol
No se había visto tal nivel en Champions League esta temporada. El Arsenal recibió al Shakhtar Donestk en un partido que se antojaba difícil pues el nivel mostrado por el equipo ucraniano había venido siendo bastante alto. Los de Lucescu salieron al campo sin su mejor jugador, el ex-Gremio Douglas Costa, apostando por una transición defensiva organizada, en lugar de por el talento en la transición ofensiva. Aún así, Lucescu alineó al también brasileño William en banda izquierda, esperando poder descansar en la pausa del ex-futbolista del Corinthians. Un planteamiento conservador, aunque inteligente, que fue totalmente desarticulado por los `Wenger Boys´.
Wenger había decidido encarar el partido con sus cinco centrocampistas, en lugar de alinear, como es habitual, a cuatro centrocampistas más un delantero en la banda, ya sea Arshavin por izquierda o Walcott por derecha. La decisión del francés nos permitió ver un festival de fútbol en el Emirates. El Arsenal jugó una primera parte absolutamente fantástica, futbolística y esteticamente, en la que dominó al Shakhtar que nunca logró entrar en el partido.
El discurso del Arsenal estuvo basado en la ocupación de los espacios, tanto con balón como sin él. Sin balón el equipo londinense ejecutó una presión buenísima a la salida del balón ucraniana, específicamente en Rakytskyi, obligando siempre al Shakhtar a rifar el balón, conduciéndolos al error, en el mejor de los casos hacia Luiz Adriano, que desconectado de todos sus compañeros, sucumbía ante la defensa wengeriana. La imagen de desesperación de la zaga ucraniana, que terminaba siempre pasando a Rat para que este lanzara el pelotazo, fue continua a lo largo de toda la primera mitad. Sin hacer un esfuerzo físico desmesurado, el Arsenal ahogó totalmente la transición ofensiva rival, debilitando la defensiva.
Y con balón también fueron un espectáculo. El triángulo Song-Wilshere-Cesc completó una actuación completísima, y muy llena en cuanto a fútbol. Ocupando cada uno un carril distinto, la permuta de posiciones fue continua y muy bien ejecutada. Manejaron un modelo en el que siempre el conductor tenía a uno detrás y otro adelante, en un carril distinto, y siempre libres como opción de pase. Combinaciones rápidas, pausa justa y distracciones en cada segundo que enloquecieron al Shakhtar. Nasri y Rosicky se unían siempre a la fiesta, y el quintero de centrocampistas se movía con total flexibilidad por todo el mediocampo, dando una muestra de talento enorme.
A destacar también la excelente ocupación de los espacios también en zona de ataque. Chamakh salía constantemente a recibir, dejando desocupada la zona del '9', y dependiendo hacia dónde se dirigía a pivotear, Nasri, Rosciky o Cesc (Y como continuación de este Song o Wilshere) ocupaban la frontal o el área, de modo que los centrales siempre estuvieron fijados por alguien, y el equipo siempre tuvo una referencia arriba. Talento y trabajo.
Por más, el partido se definió muy pronto y el Arsenal terminó goleando con tranquilidad, tanto así que Cesc salió al minuto 60 de partido, con tres goles arriba, y la sensación de victoria y derrota ya circulaba en las caras de los respectivos equipos. A destacar Song, jugador al que personalmente puse en la lista negra de jugadores de la élite, y ha demostrado estar bastante lejos de esa apreciación inicial.
miércoles, 22 de septiembre de 2010
Cesc, el centrocampista
En un mes en el que la falta de rodaje de los equipos, tanto de Europa como de Sudamerica, nos ha quitado muchos momentos de fútbol de alta calidad, y nos ha brindado, en cambio, momentos soporíferos, es momento de resaltar a uno de los mejores jugadores del mundo, uno de los más infravalorados en su propio país, uno de los que mejor han empezado la temporada, y uno de los más desafortunados del mundo: Cesc Fàbregas.
Críado en la Masía, Cesc es comparado con asiduidad a Xavi e Iniesta, de manera, quizá erronea. Cesc se desmarca de la comparación con Xavi desde que es un futbolista mucho más complejo, con muchas más virtudes, menos definido y que, debido a la influencia Premier League en su fútbol, es un jugador que juega a un ritmo más alto que el de Terrasa, y a partir de ahí se podrían explicar muchos de los problemas que afronta Cesc en la Selección española de Xavi Hernández. Tampoco es un Iniesta, a pesar de que comparten el hecho de ser capaces de jugar en los dos vértices del mediocampo con la misma facilidad, Cesc es un futbolista más relacionado con la base de la jugada que Iniesta. Ambos son los centrocampistas, y, aunque Iniesta es indudablemente mejor, el fútbol de Cesc no se escapa mucho del fútbol del Manchego.
Cesc nace como futbolista en la élite, al lado del mediocentro. Viera o Gilberto Silva lo tuvieron de escudero en la base de la jugada del último Arsenal de Henry. El entonces juvenil dio grandes réditos en esa posición, la misma que ocuparía Xavi Hernández en un 4-4-2, y se convirtió en uno de los especialistas del mundo, (España, en ese sentido, cuenta con Piqué, Xabi Alonso, Xavi, Cesc e Iniesta. La salida del equipo español debería ser perfecta.) a pesar de las constantes críticas por parte de los medios ingleses sobre su condición física, catalogada endeble en demasía para jugar en la base de la jugada (Falacia usada hoy con el inglés Wilshere).
Con la salida de Henry rumbo a Barcelona en 2007, la jefatura del Arsenal pasó, irremediablemente, al segundo jugador más talentoso de la plantilla en ese entonces: Cesc. En la base de la jugada, al lado de Flamini o de Gilberto Silva, Fàbregas desplegó todo su fútbol. Organizaba la transición ofensiva de su equipo desde un repertorio técnico notable, además obviamente de todo el talento futbolístico que posee, con pases precisos tanto en corto como en largo, conducción potente ayudada por su nuevo físico, fortísimo que le ayudó a incrementar su rango de acción. Cesc pasó de pesar sólo en la base la jugada, a condicionar toda la transición ofensiva de su equipo, a aparecer por todos lados y a convertir el carril central en una autopista, batiendo líneas y llegando a zona de aceleración con asiduidad para hacer uso de su magnífica visión de juego y su disparo seco y raso.
Con su dominio físico, incluso en la exigente Premier, Cesc dio un paso adelante en su evolución como futbolista. Lo controlaba todo, desde la base hasta la frontal, y sus compañeros lo sabían, lo buscaban y lo potenciaban. Cesc caía a un costado muerto, conducía hasta la frontal y asistía, recibía en una banda y centraba, caía en la frontal, se inventaba una pared y definía en el área. Su fútbol alcanzó una variedad de registros inalcanzables para otros interiores, que han convertido a Cesc en el centrocampista. Saca lo mejor de sí en la base de la jugada, organizando, ocupando espacios, acelerando la jugada, condicionando la transición ofensiva desde su inicio, pero también destaca en el desmarque de ruptura, en el ataque al mediocentro y en la llegada desde atrás. Adquirió gol, aumentó el ritmo de su fútbol y se ha convertido en el cerebro de fútbol más dinámico de Europa. Xavi, el otro gran cerebro, tiene un sólo ritmo, mientras Cesc es capaz de ir de primera hasta sexta velocidad. El control del juego a la máxima velocidad.
Esta temporada el Arsenal nos ha regalado momentos brillantes de fútbol de la mano de Cesc Fàbregas y Jack Wilshere. La falta de "punch" del equipo de Wenger nos ha condenado a tener que disfrutar del fútbol de Cesc Fàbregas más alejado de la base de la jugada de lo ideal, pero la llegada de Wilshere compensa un poco eso. Ambos futbolistas se complementan perfectamente, juegan a lo mismo y nos han devuelto a un Fàbregas más Cesc y menos Gerrard, que era el recurso que Wenger había estado utilizando. Fàbregas pesa en todo el centro del campo y extiende su talento hasta la zona de definición. Tiene capacidad de sufrimiento, brega y talento y tecnica defensiva. Es el centrocampista. Así como lo eran en los 80's esa gran generación de brasileros que controlaban todos los registros de esa línea del campo, Cesc así lo hace. Uno de los mejores 15 futbolistas del mundo, y que será mucho mejor el día que haga parte de un proyecto futbolístico más ambicioso que el de Wenger.
Hace nada se nos ha lesionado (¡Otra vez!), y nos ha dejado tres semanas sin su fútbol. Como con Messi, la sensación es de tristeza. Ojalá se recupere y no vuelva a recaer. El fútbol se pierde un talento colosal.
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