domingo, 19 de junio de 2011

Totaalvoetbal? Deutsches Karussell (I)

Por Sergio_Vilariño


Cuando el  7 de julio de 1974 los once jugadores titulares del equipo de la RFA saltaron al césped del Olympiastadion de Munich para dirimir la supremacía mundial con el superfavorito equipo de Holanda, los componentes del equipo nacional germano llegaban como los hombres que venían de superar una enorme travesía por el desierto. Así se mostraron durante la final, inasequibles al desaliento, negándose a morir en la orilla de El Dorado.

Alemania Federal, como nación anfitriona, era sin dudas una de las grandes favoritas para alzar el nuevo trofeo de campeón del mundo. Así la presentaban todas las apuestas al inicio del campeonato. Un grupo cohesionado, compacto, con talento y que, en muchos casos llevaban dos ciclos mundialistas jugando juntos.

Además, el equipo mostraba la Eurocopa ganada en 1972 como credencial. Fue este un torneo en que Alemania fue un auténtico vendaval. Amparado en hombres del Bayern Munich y del Borussia Moenchengladbach, el conjunto de Helmutt Schön pasó por Wembley como un ciclón, con un fútbol tremendamente rápido, de permuta de posiciones, con una potencia física bárbara y con una despensa de talento absolutamente avasalladora. Por aquel entonces, Beckenbauer era ya un jugador de élite mundial totalmente consolidado. Había creado una posición para sí mismo, y dominaba partidos (a nivel nacional, europeo o mundial, de clubes o de selecciones), desde su interpretación del rol de hombre libre. Pero, y esto será capital durante el desarrollo de la Copa del Mundo, “el hombre” durante ese año 72 no era el Kaiser.

Ese hombre era un centrocampista total, de melena rubia, potente zancada y visión periférica que había llevado al Borussia Moenchengladbach desde las catacumbas hasta la cúspide del campeonato germano y que, tras años a la sombra de Wolfgang Overath, aprovechó el retiro internacional momentáneo del líder del Colonia para liberar su enorme torrente de fútbol también con el equipo nacional. Así pues, esta Alemania era el equipo de Gunther Netzer.

A lomos del excepcional número 10, la RFA dominó su grupo clasificatorio y se paseó en la fase final disputada en Bélgica. Todo ello culminado con el aplastamiento de la poderosa defensa soviética en la final de Bruselas.  3-0, y el Kaiser levantando la Copa Henri Delaunay en el palco de Heysel. Pero, como ya dijimos, la gloria pertenecía a Netzer.

Y Netzer cometió un error: fichó por el Real Madrid, vino a España, y se sometió a los entrenamientos, a todas luces más ligeros,  de la Liga Española. Ello, su bajón físico y la vuelta de Overath para disputar el Mundial en casa, acabaron con la Alemania más brillante que se haya visto en terreno de juego.

Con estos antecedentes, cuando el Mundial comenzó, el equipo de Alemania Federal seguía buscando recuperar la “magia” que habían esparcido por los terrenos belgas. Y cuando decimos Alemania Federal queremos decir  Bayern Munich+ Borussia MG (con algún añadido), porque el núcleo duro de la selección eran ellos.

Schön trató en la primera fase de acomodar a las figuras de ambos conjuntos en el mismo once. Así, ante Chile y Australia en los dos primeros partidos, saldados con poco convincentes victorias, tenemos a Maier, Beckenbauer, Schwartzenbeck, Breitner, Hoeness y Müller por parte del Bayern y a Vogts y Heynckes por parte del Moenchengladbach. La presencia de Overath, un centrocampista muy completo y uno de los hombres de confianza de Schön, junto a los motivos antes citados, dejaba a Netzer en el banco. Grabowski, otro hombre de Schön, con enorme experiencia y Cullman, un mediocentro muy académico (físico, de pase corto, y poco tendente a tomar riesgos), componían el equipo.

Equipo espeso, lento, y al que sólo chispazos individuales salvaban de resultados comprometidos. A todas luces, ese 4-4-2 que planteaba el entrenador alemán estaba muy lejos del 4-3-3 tremendamente fluído, que le permitía ocupar espacios, realizar transiciones rápidas y, sobre todo, presionar relativamente arriba, que la RFA había presentado en Bélgica 72.

Contra la RDA el asunto fue aún peor, ya que el partido terminó en derrota. Pero, desde un punto de vista estrictamente personal, creo que fue el encuentro que mostró el camino para que la RFA volviese a la senda que les hizo temibles. Schön  envió a Berti Vogts a un marcaje individual sobre el brillante y joven delantero de la RDA Martin Hoffmann. (ver vídeo). La permanente movilidad de Vogts llevó al equipo a abandonar ese rígido y teórico 4-4-2, y es en este encuentro cuando vemos por primera vez en el torneo a una RFA realmente fluída. Dado que Vogts abandona su posición de lateral derecho, la defensa suele estar compuesta por 3 hombres, generalmente uno de los centrales más Cullman (que hace coberturas) más un tercer jugador que puede ser Breitner (en posición teórica de lateral izquierdo) o Hoeness (que cubre la zona del carril derecho).



En el centro del campo, Overath toma la manija, a veces acompañado por Beckenbauer, a veces con Schwartzenbeck ofreciéndose.  Breitner comienza también a incrustarse en la base de la jugada, aunque no tan a menudo como hará en los últimos partidos del campeonato. Idem para Hoeness. Grabowski desarrolla su clásico juego pegado a la banda que tan beneficioso resultará en el futuro combinado con las diagonales hacia adentro del todavía suplente Holzenbein. Müller sigue siendo una boya en ataque.

El punto más interesante en este partido quizá sea la presencia de Heinz Flohe, el mediapunta del Colonia, un jugador de mucha técnica y llegada desde segunda línea, y de un tremendo físico. Este jugador es la alternativa que presenta Schön en este campeonato al disminuido Netzer. Y es él quien ocupa la teórica posición del 10. Los resultados no son brillantes, pero mejora muchísimo la asociación de la selección en tres cuartos de campo, y hace que las permutas sean más naturales, con Uli Hoeness haciendo un trabajo realmente impresionante. Tan pronto cubría la banda derecha dejada por Vogts, como aparecía en posición de extremo zurdo abriendo el campo, o tomaba el mando de las operaciones en la posición del 10 mientras Flohe se dejaba caer a la zona izquierda.

El del Colonia no volverá a ser titular, pero cuando Schön necesite cerrar el campo, o más capacidad de circulación de la pelota, ahí aparecerá Flohe desde el banquillo (partidos contra Yugoslavia y Suecia). 

Quizá sea en este partido cuando Schön se dé cuenta de que, sin Netzer, y con Overath acomodado ya a la base de la jugada, el espacio teórico del 10 no debe ser ocupado. Debe ser un espacio de circulación, un lugar sobre el que giren jugadores y pelota. Si se me permite la expresión: una rotonda balompédica. Lo que veremos en esa zona, ahora desocupada, durante los siguientes partidos lo podemos definir como “free running”.

El veterano entrenador germano va a desarrollar este concepto en la segunda fase. Va a ampliar el espacio de circulación abriendo el campo con extremos puros como Grabowski, Holzenbein o Herzog (aunque el del Fortuna Dusseldorf dio un rendimiento paupérrimo en los partidos contra Suecia y Yugoslavia). Esta aparición de los extremos puros también marcó el cambio hacia el 4-3-3 (un tanto mentiroso), que tantas alegrías había dado. En la posición teórica de mediocentro aparecía ahora el jovencísimo Rainer Bonhof, un jugador mucho más dinámico que Cullman y con un trato de balón bastante superior al del jugador del Colonia. En la posición de interiores, Hoeness y Overath, uno con tendencia a ocupar ese espacio del 10 libre, y otro a ocupar la base de la jugada.

La defensa, conformada por los 4 habituales (Vogts-Beckenbauer-Schwartzenbeck-Breitner), veía como algo habitual ver a uno de los dos centrales compartir la base de la jugada con Overath (obviamente mucho más habitual el Kaiser), y a Breitner proyectarse hacia esa misma zona y a la posición del 10, algo inaudito.

Con esta manera de jugar, y a pesar de que el vestuario está cada vez más resquebrajado (problemas internos por el tema de las primas, Breitner que está a punto de abandonar la concentración, etc), Alemania se maneja para ganar los tres partidos de la segunda fase, superando incluso a uno de los más brillantes conjuntos del torneo, como es Polonia, en un partido que nos deja otro guiño táctico que refleja cuán avanzado es este Mundial. En un campo anegado, y ante una Polonia muy agresiva, la RFA pone en práctica durante la segunda mitad una especie de “salida lavolpiana”, muy rudimentaria, pero que le permite sacar la pelota más o menos con claridad ante las dificultades a las que se ve sometida. 


El camino a la final, pues, no fue de rosas, sino de lucha, problemas y soluciones, llegando al 11 que disputó el último partido, a esos  11 hombres que, repasaremos a continuación y que dieron la segunda Copa del Mundo a su país.

sábado, 18 de junio de 2011

Holanda 1974 (II): El apogeo del totaalvoetbal



Asumir esta condición del juego denominada como ‘totaalvoetbal’ por la ‘oranje’ en ese año de 1974, amor hacia la arquitectura global de un colectivo dónde no existen las referencias fijas sino que los conceptos de zona, flexibilidad o permutas coexisten con activos futbolísticos de alto orden mundial en lo táctico, técnico y físico. “El general” para imponer la rigidez de vestuario sobre un conjunto de individualidades que asumían la fluidez como método y formaban parte del legado más notable sobre la historia de este deporte por parte de Rinus Michels, quién difundió aquello de ‘Fútbol Total’.


“Siempre he dicho que lo más importante son los jugadores. En el 74 me rodee de buenos jugadores, de los que yo ya conocía a la mayoría por haber trabajado juntos en el Ajax. Tenía un plan, un esquema, e intente buscar los jugadores que se adaptaran mejor. Trabajé con ellos durante tres meses, traté de motivarlos e inculcarles la forma básica del funcionamiento de equipo, basada en el concepto de ocupar toda la cancha, ganándole la pelota al rival lo más cerca de su arco, y producir luego el ataque con los hombres necesarios sin distinción del número de camiseta, y lógicamente, haciendo los relevos correspondientes. Lo bueno fue que los jugadores lo entendieron, se convencieron, y se dieron los resultados. Ustedes, los periodistas, después lo definieron como “futbol total”.
Rinus Michels


El particular método sobre lo “desconocido” para el gran público y elegir el escenario alemán para dar eco a tan sofisticada flexibilidad táctica. La ‘oranje’ de Ajax y Feyernood de los año 70 se aunaban con un mismo símbolo, aquello de que no hay nada fijo y liderados por el genio y su mentor. Así se escriben unas páginas llenas de recuerdos románticos sobre uno de los mejores conjuntos de la historia que transgredió hacia los términos futbolísticos actuales, pero con la creencia de poder desencriptar el complejo código de aquel ‘totaalvoetbal’.

 La flexibilidad táctica buscada

“Para la mayoría de los analistas, no quedan dudas de que la última revolución táctico-futbolística sucedió en los años 70 con el fútbol total holandés. Más allá del posicionamiento de los jugadores en el campo, la revolución apostaba por la dinámica de la táctica. En el césped, con el marcaje en zona, ninguno de los jugadores tenía posición fija. El secreto estaba en la circulación de la pelota, con constantes cambios de flanco, el célebre carrusel mágico, y en el aprovechamiento de los espacios vacíos.”
Lobo, L. F.
Sistemas diferentes, a mesma filosofia.
Cita “Defensa en zona en el fútbol de Nuno Amieiro”


Una definición más hacia la proclama general que redunda en este colectivo de Rinus Michels, fundamentar el fútbol sobre una “dinámica de la táctica”. Muchos son los que conciben a modelos de conjuntos con el mismo ideario basado en el juego de posición y asimilar el concepto zona con un teórico 4-3-3 de origen holandés. Nada más lejos de la realidad, sería negar esa característica de flexibilidad y llevar la teoría de lo reflejado en un campo de fútbol a una cuestión numérica que no convence a este método transgresor que representa Holanda en 1974.



En una composición establecida sobre un modelo dónde no hay nada fijo, solo podemos establecer dos excepciones a la norma, desde la verticalidad de dos volantes como Resenbrink y Rep hasta la teórica pareja de centrales formada por Haan y Rijsbergen, aunque todo con una base de explicación desde una forma de sentir el juego como una visión zonal y la creación de ventajas continua.

La misma excepcionalidad de ese eje central en línea defensiva, no llega a contener el porqué de que un lateral derecho como Suurbier sea la referencia en salida del balón en base de la jugada y plantado sobre el perfil izquierdo en su proyección en transición/fase ofensiva conjunto al desplazamiento de la pelota hacia la creación de puntos de ventaja sobre el rival.Opciones para alterar el ritmo normal atribuido y base de esta complejidad mentada.

Una polivalencia en el ‘jugar’ que ofrece dudas sobre aquellos que denominan a la selección de Holanda como la ‘Naranja mecánica’ y es que viendo a esta ‘oranje’ desde un prisma metodológico, no existe ninguna acción mecánica sino obtener esa fluidez o flexibilidad de movimientos que permita someter al contrario. La simple presencia del genio de Johan Cruyff en distintos momentos del juego se aplica a la falsa teoría de esos mecanismos, su visión más particular y el prisma de quién se considera el ‘todo’.


En las permutas posicionales


Una pieza básica en el rendimiento ofensivo que hemos ido reflejando, se ofrece desde el término permutas en la posición de los distintos jugadores. Un caso más del ‘nada fijo’ promulgado y por el cual se ha concluido en la inexistencia de la cuantificación numérica para dar argumento a una filosofía del juego.

Johan Neeskens es uno de los jugadores más destacados en aquella excelsa generación neerlandesa de los años 70. De estrecha relación más allá del césped con Cruyff, siempre mantuvo el aval de sentir el mismo juego que el ‘14’, demostrado en el plano futbolístico en la sinergia que existía entre ambos. Esas expresiones son observadas en como ambos entendían el fenómeno de la transición ofensiva como única en el colectivo, cuya capacidad de batir líneas es ilimitada además de conocer el camino hacia la permuta en el posicional de delantero, descifrando el movimiento de Cruyff, teórico “9” en aquella selección ‘oranje’. Cinco goles en toda la competición siendo el máximo goleador del conjunto de Holanda y tercero en el global de la competición, atestiguan el importante papel de Johan Neeskens desde su irreal “mediapunta”.

Otras de las armas contenidas por Rinus Michels era la de contar con dos jugadores de distintas características pero una exhibición más de ese sentir una visión del juego desde la ‘filosofía zonal’ que encumbró al colectivo protagonista. Dos perfiles diferentes contenidas en el Feyernood como mediocentro y ‘10’ respectivamente, Wim Jansen y Van Hanegem, obtenían un plano mediático y de valor en sus proyecciones desde el teórico interior en las cuatro fases del juego. Aprovechar la creación de ventajas en ambos perfiles banda con la movilidad existente, más dos hombres fijos como Rep y Rensenbrink, para facilitar la llegada y conducción desde medios incluido laterales.

Distintas formas de darle sentido a esa fluidez única, no de nueva concepción pero sí de declarada acción difusora que llega hasta nuestros días. Un término repetido, transgresor, para dar validez al dato de ser uno de los mejores conjuntos de fútbol de la historia. ‘De generaal’ marcó… pero para siempre… ¡La que lió Rinus Michels!


“No había en Holanda una selección propia de este nombre. No se había trabajado para lograrlo, ni se había fraguado el indispensable espíritu de equipo, ni menos trazado las acciones colectivas indispensables. Pero teníamos al hombre capaz de transformar a 22 jugadores en un gran equipo. Este era Rinus Michel, nuestro seleccionador. Reunía capacidad, inteligencia, mentalidad, conocimiento del fútbol moderno y una habilidad singular para construir un conjunto [...]”
Cruyff



viernes, 17 de junio de 2011

Holanda 1974 (I): Partir de un dominio posicional


La realidad de una tipología de juego, la realidad de un Mundial 1974 con una concepción hacia la provocación sobre aquellos, la totalidad de los conjuntos, que aún creían en el marcaje individual como principal arma en fundamentos basados en el ‘juego de pares’ con el objetivo de recuperar el esférico. De ahí nace la idea de innovación de esta ‘oranje’, el concepto de ‘pressing’ partiendo de un dominio posicional a la altura de los más grandes de la historia contemporánea porque ellos, ya se merecieron ese honor.

La ‘zona presionante’, argumento que tiende a ser devaluado por la percepción de sentir normalidad ante el hecho, una herramienta de la que se sirvió Rinus Michels para transgredir una realidad diferente al espacio natural de hoy en día. La definición de zona se plantea como esencial para obtener un fundamento ideal en que esta Holanda basaba sus dinámicas sobre el juego.

“Me parece claro que <> es un indicador de un Fútbol evolucionado. De difícil entendimiento, es extramadamente compleja su operatividad. (…) <> forma, sin duda, parte de una filosofía de respeto por la calidad del juego, dota al equipo de una fuerte personalidad –piensa más en sí que en el adversario-.”
Carlos Carvalhal
(Ex-entrenador Sporting CP)

El término “evolucionado” que evoca a este colectivo, saber colocar sus activos futbolísticos para que una pérdida de balón sea oxígeno para su argumento porque la complejidad de la que habla Carlos Carvalhal, Rinus Michels la alcanzó. Y ese fue el reto, promocionar en el mejor de los escenarios una compleja red de jugadores en torno a un balón, pieza básica de ese engranaje en el juego de posición suponiendo como “básico” aquello del hacer creer, material cognitivo, el sentir la polivalencia de tu posición hacia la de ocupar el espacio esencial en la recuperación.

“El fútbol de pressing es tal vez la manera más difícil de jugar, porque exige mucho de los jugadores: facultades físicas extraordinarias, técnica superior y un alto grado de inteligencia. Los jugadores tienen que cambiar de posición muy aprisa en el ataque, y cuando pierden el balón tienen que adoptar posiciones de pressing sobre contrincantes individuales.”
Rinus Michels

Un concepto de ‘pressing’ que no debe disfrazar aquellas virtudes de conocer el espacio, el número –crear ventajas- y el tiempo necesarios para obtener el rédito del esférico según este sea desplazado. Saber proyectar el objetivo de la manera más certera con un conjunto, comenzando por Cruyff, muy preparado en lo táctico-técnico en esa dosis de liderazgo en todos los sentidos del genio sobre el campo y su mentor sobre un banquillo, a la hora de hacer crecer en todos los condicionantes de un futbolista, al colectivo. Aprender una ‘filosofía zonal’ a través de una cultura comportamental específica y también psicológica.


Una teoría del ‘pressing individual’, consecuencia de ese dominio posicional implantando que debe ser el mensaje de mayor fuerza y desde el cuál, se ha basado la siguiente expresión gráfica, síntesis de la ‘oranje’ de Rinus Michels, desde una realidad del juego de posición a la hora de obtener una pérdida de balón con una calidad absoluta para su posterior recuperación en tránsitos temporales relativamente cortos y evitando ser expuesta en fase defensiva.



“De acuerdo con Michels (1981), cuando su equipo perdiese la posesión de la pelota, cada jugador debería rápidamente aproximarse al adversario que estuviese más próximo de él para <>. Esto debería suceder con cada uno de los adversarios de modo que, cuando la pelota fuese dirigida para uno de ellos, un jugador suyo pudiese interceptar la bola y, de inmediato, reiniciar las acciones ofensivas.”
Nuno Amieiro
(Autor del libro “Defensa en zona en el fútbol”)

Suponiendo esa ‘filosofía zonal’ como gran virtud, exponer la base de Holanda en 1974 desde la idea del marcaje más próximo, deja esa sensación incierta hacia una idea que no deja de ser “equivocada” como se muestra en el vídeo anterior dónde existe esa predominancia hacia la colocación más inteligente en por de evitar la transición rival. El objetivo es el balón y no el rival, concepción esgrimida más adelante por un alumno aventajado de todo lo expuesto hasta ahora.

“La presión debe ejercersesobre la pelota, no sobre el jugador”
Cruyff (2002)

Dentro de ese dominio posicional en la declaración de un juego basado en la zona y la consecuencia posterior de tener que adelantar líneas hasta medios para la creación de ventajas sin balón, hacen que el argumento de evitar estar expuestos a la espalda del defensa deba ser uno de los fundamentos principales en la tendencia hacia un ‘pressing individual’ con el poseedor. Partir desde la negación del discurso pero admitir como recurso ese tipo de ‘zona presionante’, hacen del concepto fuera de juego como vital a la hora de proyectar una construcción defensiva sin precedentes al más alto nivel, hasta ese momento.


Transmitir seguridad en el espacio determinado como máxima, a través de una creación de ventajas abusiva y en el tiempo justo para evitar la clave del pase atrás del rival, como así ocurrió frente a Brasil aunque sin efectividad relativa.



Dentro de todo este entramado definido desde un punto complejo y basado en dos fundamentos futbolísticos de suma importancia en las dinámicas colectivas, partir de ese dominio posicional más el concepto del fuera de juego, sobresale Wim Rijsbergen que se antoja como clave en la realización óptima del control de las transiciones, fundamento real en el que se basa toda esta ‘filosofía zonal’ que publicitó Rinus Michels.

Dorsal ‘17’ y único de natural defensa central en el once ‘oranje’ de aquel Mundial de 1974. Procedente del Feyernood que venía de ser campeón de la UEFA y Eredivisie tras la predominancia de aquel Ajax de Johan Cruyff y creado por Rinus Michels, ya en Barcelona. “Wim” destacaba por sus cualidades en el posicionamiento, élite táctica conjunto a una técnica en la salida de balón y en el corte, que hacían de él un jugador más que notable en un colectivo de excelsa exigencia. No podríamos minusvalorar a otros en esa construcción defensiva rozando la perfección, pero Rijsbergen era llamativo y no solo por su melena rubia sino por unas condiciones con aroma a futbolista moderno, factor decisivo a la hora de predominar en una fase del juego expuesta como clave.


Un ejemplo palpable de lo que fue esa innovación evocada por Rinus Michels y que concebió su alumno aventajado Johan Cruyff hasta ser asimilado por un “desconocido” como Wim Rijsbergen en ese control de las transición dentro de un dominio posicional que se repite como principal argumentación. ‘Filosofía zonal’ que ahora es adaptada por muchos en la élite pero que parte del escenario complejo que una Holanda decidió llevar hasta el detalle más poético para ser analizado.

jueves, 16 de junio de 2011

El espejo del mundo

Por kj_vng

¿Qué es más importante, ser el primero en hacer algo y que pase desapercibido, o ser el primero en difundirlo? ¿Vale la pena innovar si resulta que en otra parte, poco tiempo después, alguien llega a las mismas conclusiones… pero con la opción de mostrar a todo el mundo el descubrimiento? Cabe suponer que el inventor original del pressing, Victor Maslov, tendría algo que decir al respecto, porque en esencia esto es lo que pasó cuando, entre 1965 y 1974, Rinus Michels dirigió primero al Ajax de Ámsterdam y luego a la selección holandesa de fútbol.

Antes de iniciar el ensayo, cabría hacerse una idea de la situación deportiva, pero también política y social, de los Países Bajos en los años sesenta. Holanda era una nación, futbolísticamente hablando, intrascendente. El profesionalismo llegó en 1954: hasta entonces, el fútbol neerlandés no había recibido apenas influencia foránea desde que Pim Mulier importase el deporte en 1879. Entre 1880 y 1920 se fundaron y popularizaron clubes como el Feyenoord de Rotterdam, el Ajax de Ámsterdam o el PSV Eindhoven, pero el intercambio con otros países en ese periodo fue escaso, y casi podría decirse que el balompié neerlandés vivió aislado del resto del mundo. Es representativo que cuando se enfrentaron Holanda e Inglaterra en 1948, los primeros aún jugaran con el arcaico 2-3-5 que había imperado en los inicios del deporte.

En términos sociales, el país estaba cambiando. De ser una nación pequeña y aburrida, tierra gris robada al mar, Holanda evolucionaba construyendo una sociedad multiétnica y cosmopolita. El movimiento de los provos era la demostración más radical del cambio, pero en absoluto la única: no sorprende que, en 1969, John Lennon y Yoko Ono decidiesen celebrar su peculiar luna de miel en Ámsterdam. Es lógico, pues, que en ese contexto se gestaran revoluciones… no sólo culturales, sino también deportivas.
Los orígenes del cambio futbolístico, no obstante, se remontan unas décadas atrás, hasta 1945. Fue en ese año cuando el inglés Jack Reynolds, considerado el “padre” del fútbol holandés, volvió por tercera y última vez al banquillo del Ajax de Ámsterdam: allí tuvo como discípulo a un delantero joven, alegre e imaginativo, que respondía al nombre de Marinus “Rinus” Michels, y a quien sus métodos influenciarían sobremanera. Al cabo de unos años, Reynolds cedería el testigo a Vic Buckingham: el ex futbolista británico había militado, entre otros, en el Tottenham, y aseguraba que “el kick and rush es demasiado arriesgado: la clave del fútbol es la posesión”. Aseveración que puede parecer paradójica, pero que casó fácilmente con la concepción holandesa del juego, poco marcada por el estigma ultracompetitivo de otros países y basada en el pase corto, a diferencia de otras culturas.


Buckingham entrenó al Ajax en dos periodos: el primero, entre 1959 y 1961, terminó con una Liga holandesa en las vitrinas del club de Ámsterdam; el segundo, aunque menos exitoso, se demostraría clave en el futuro de la entidad. Corría la temporada 1965-66, el equipo sufría y se acercaba peligrosamente a la zona de descenso, y la directiva se vio obligada a sustituir al entrenador. El elegido fue el antiguo pupilo de Reynolds y del propio Buckingham, Rinus Michels, que se había retirado del fútbol en 1958. Marcado por la metodología de Reynolds, Michels pasó de ser un futbolista desenfadado a un técnico que priorizaba ante todo la disciplina. Su obsesión provocaría choques con algunos de sus pupilos (le apodaron de generaal, “el general”), pero sería esta disciplina colectiva la que, combinada con la genialidad individual de sus jugadores, llevaría sus equipos a la cima del fútbol mundial.

Los inicios de Michels en el Ajax fueron prometedores, pero difícilmente se podrían haber imaginado entonces los logros posteriores: su primer cambio fue el paso de la formación en W-M, ya obsoleta, al 4-2-4 que era tendencia en el fútbol del momento. Michels potenció una generación de delanteros inicialmente formada por Piet Keizer, Sjaak Swart y Henk Groot, con la estrella ascendente de un joven Johan Cruyff: sin embargo, la construcción de su equipo de leyenda comenzaría después… y desde atrás.

El primer paso fue el fichaje de Velibor Vásovic, procedente del Partizan de Belgrado, para reemplazar al capitán y defensa central Frits Soetekouw. El movimiento levantó polémica, pero representó el auténtico tiro de salida para la nueva escuadra a nivel humano. A nivel táctico, el empate a tres en la temporada 70-71 con el Feyenoord de Ernst Happel (que se proclamaría campeón de Europa poco después) demostró de forma práctica que el 4-2-4 presentaba graves problemas a la hora de replegar. Michels reaccionó siguiendo el movimiento de Happel, retrasó a un delantero… y pasó a jugar con en el archiconocido 4-3-3, santo y seña del Ajax y de la Oranje durante años.

Vásovic, por su lado, demostró ser una pieza clave en la evolución del equipo: su habilidad a la hora de sumarse a la media en conducción significó que el Ajax podía pasar fácilmente del 4-3-3 al 3-4-3, disponiendo así de superioridad numérica en el centro del campo. Al principio, sus propios compañeros veían ese movimiento con cierta reserva, pero finalmente se acostumbraron a seguirle, y la línea defensiva empezó a adelantarse de forma coordinada. Mientras, la agresividad de otro futbolista y su capacidad para perseguir incansablemente a los rivales, incluso muy adentro del campo rival, daba alas al equipo a la hora de salir y cerrarle espacios al rival. Este jugador era Johan Neeskens, y su aportación permitía, en suma, realizar una presión adelantada.

El toque final lo iba a dar el propio Michels, como no podía ser de otra forma. De la Final de la Copa de Europa de 1967 entre el Celtic y el Inter se extraía una conclusión, y es que las defensas que acumulaban gran cantidad de efectivos sólo podían ser contrarrestadas con ataques masivos. Michels tomó buena nota de ello, y decidió desarrollar métodos para superar este tipo de estrategias defensivas. Dándose cuenta de que la sorpresa desorientaba sistemáticamente a los zagueros, el entrenador ajaccied empezó a animar a sus futbolistas a intercambiar posiciones, a permutar y aparecer en zonas que originalmente no les correspondían. Con este ajuste nacía el juego de posiciones que definiría el fútbol moderno, donde es la zona y no el futbolista individual lo que determina el rol del jugador en cada situación: y como en ese momento, a toda innovación holandesa se le asignaba el calificativo Total (Arquitectura Total, Energía Total, Urbanismo Total), esta nueva forma de jugar al balompié recibió el apodo de totaalvoetbal, Fútbol Total.


Los métodos de Michels producían, no obstante, un gran desgaste, especialmente en las relaciones con los futbolistas: su método autoritario le granjeaba en ocasiones la antipatía de aquellos con quienes trabajaba, y no es extraño que una combinación entre éxitos y malas relaciones con la plantilla le llevaran, en 1971, de Ámsterdam a Barcelona. Su testigo en el Ajax lo recogió el rumano István Kovács, técnico de menos calado que se limitó a prolongar la herencia de Michels. Kovács tuvo el mérito, eso sí, de conseguir mantener al equipo en todo lo alto hasta 1973, poco antes de que la gran estrella de la escuadra, Johan Cruyff, hiciera las maletas hacia el FC Barcelona para acompañar a Michels en su periplo. Ambos tuvieron también tiempo para liderar, cada uno en su rol, la selección holandesa en la Copa Mundial de la FIFA de 1974… y el resto es historia.