domingo, 19 de junio de 2011

Totaalvoetbal? Deutsches Karussell (II)




Por Sergio_Vilariño


SEPP MAIER #1

El Gato de Anzing llegaba a su tercer Mundial en el mejor momento de su carrera. Había estado en Inglaterra 66 como suplente de Hans Tilkowski y había sido el indiscutible guardameta titular en el Mundial de México. En el año 74, ningún portero alemán podía alcanzar su nivel, ni mucho menos discutir su titularidad. Top 3 mundial de la época junto al italiano Dino Zoff y (curiosamente), el holandés Jan van Beveren.

Su tremenda experiencia, ya que además de dos Copas del Mundo, había ya ganado la Recopa y una Copa de Europa con el Bayern, además de títulos naciones, le hacían un seguro a prueba de bombas en el combinado nacional. Era además uno de los capos del vestuario y su carácter contagiaba al equipo en los momentos más difíciles. Su duelo con el gran Ronnie Hellstrom en el partido contra Suecia y sus paradas contra Polonia fueron decisivas en el caminar hacia la luz del equipo durante la segunda fase. Obviamente, en la final demostró todas estas cualidades a la máxima potencia.

Su juego de pies nunca fue su fuerte, pero sí su uno contra uno, donde era un tremendo especialista. Esta faceta aportó seguridad a un equipo que en varias ocasiones se encontró en inferioridad numérica ante contraataques del equipo holandés. La pericia y coordinación entre Maier y Beckenbauer (otro de los puntos fuertes del equipo alemán), les ayudó a solventar estos difíciles momentos con mayor o menor facilidad.


BERTI VOGTS #2

Su tenacidad le valió el apodo de “El Terrier”, y pasó a la historia como capitán del Borussia Moenchengladbach. Este lateral derecho llevaba también dos ciclos mundialistas con el equipo nacional. No estuvo en el 66 por una lesión (a pesar de ello, viajó con la selección a Inglaterra), y ya fue una fuerza importante de la RFA en 1970.

Vogts disputó como titular los 7 encuentros del Mundial, era un peso pesado del vestuario y el principal nexo de unión entre los clanes de Moenchengladbach y Munich. Tal era su peso específico que, mientras Heynckes y Netzer (además de Wimmer o Kremers), eran desplazados del equipo, su puesto nunca peligró ni fue puesto en duda, y solamente el joven Bonhof pudo emerger del ostracismo al que acabó relegado el bando de Netzer.

En este campeonato, Berti será recordado como un especialista en marcajes individuales, aunque solo realizase dos en 7 partidos. Eso sí, decisivos ambos.

El primero de ellos, ya tratado, fue el que realizó al delantero de 19 años de la RDA Martin Hoffmann, no por lo decisivo en el marcador, sino por lo que supuso para el engranaje del equipo. ¿Quién sabe si sin esa marca individual, la RFA recuperaría la fluidez a tiempo?

El segundo, el más famoso, comenzó en desastre. En la final, Johan Cruyff le superó como un avión en el primer minuto de partido en su camino hacia el área, donde sería derribado por Holzenbein, consiguiendo así el penalti que adelantaba a los holandeses. Pero durante los restantes 89 minutos, Vogts sujetó a la perfección al mejor futbolista ofensivo del mundo, maniatando así muchas de las posibilidades ofensivas de la Naranja Mecánica. Tan bueno fue su trabajo que Cruyff, la auténtica dínamo del conjunto naranja durante todo el torneo, llegó a desaparecer del encuentro final, y durante diez o quince minutos retrasó su posición hacia la defensa huyendo del severo marcaje de Vogts. En cierto modo, un pedacito de la Copa Mundial, lo ganó El Terrier, con su vigilancia al legendario número 14.

Aparte de sus aptitudes para el marcaje individual, Vogts subirá la banda con cierto criterio (no muy a menudo), pero sí creando peligro en sus incursiones. Muy importante era su rol durante la fase ofensiva del equipo, cerrando atrás junto a Schwartzenbeck (o excepcionalmente Beckenbauer), con Bonhof por delante de ellos ejerciendo de ancla.

HANS GEORG SCHWARTZENBECK #4


“Katsche” era la potencia en la defensa germana. Inseparable compañero de Beckenbauer en la dupla central, llegaba a la cita mundialista consolidado como el mejor central alemán. Su compenetración con el Kaiser estaba fuera de toda duda, ya que venían jugando desde el 66 juntos en el Bayern y habían ganado la Euro 72 formando el centro de la defensa alemana.

Jugador que siempre será recordado como más físico que técnico, pero que ni mucho menos era cojo.  En este Mundial lo vamos a ver relativamente a menudo subiendo a medio campo, ofreciéndose a Overath o Bonhof y dando soluciones fáciles y efectivas a la circulación de balón, ya que su posicionamiento táctico es brillante. Además, sus llegadas al área contraria por pura potencia crearon bastante peligro, así como su peligro derivado de su excelente disparo de larga distancia. Estaba fresca la final de Copa de Europa contra el Atletico de Madrid (donde marcó un gol espectacular desde más de 30 metros), y su sola presencia en las inmediaciones del área generaba pánico y ventajas que sus compañeros podían aprovechar.


PAUL BREITNER #3
Seguramente uno de los jugadores que más reforzado salió de la Copa del Mundo. El “Abisinio” era uno de los jugadores más jóvenes de todo el plantel alemán (junto a Hoeness y Bonhof, curiosamente otros dos que dieron totalmente la talla en competición), y se confirmió como uno de los dos o tres jugadores más decisivos.

Ya había jugado muy bien durante la Eurocopa del 72, con apenas 21 años, y había ganado la Copa de Europa con el Bayern. Desde su posición de lateral izquierdo se proyectaba en ataque y creaba peligro constante, ayudando también a la creación de juego. Aunque su pico de juego seguramente llegue en este Mundial.

Breitner era un futbolista  genuinamente setentero: revolucionario, radical en sus concepciones, innovador…  Un lateral nacido para correr libremente a lo largo del rectángulo de juego. Con Schön, y partiendo de su posición natural y teórica de lateral izquierdo, Breitner avanzaba hasta el medio campo, a veces incrustándose en la zona de creación junto a Overath y Beckenbauer, ofreciendo un tercer jugador dotadísimo para el movimiento de balón. En los primeros partidos será muy habitual verle en esta zona. Además, su poderoso disparo desde lejos genera al equipo excelentes réditos en los partidos contra Chile y Yugoslavia, donde Paul marca con dos tremendos cañonazos.

Especialmente en la segunda fase, Breitner se desata, en parte por el nuevo entramado táctico de la RFA, y ya no solo le vemos habitualmente en la base de la jugada sino también ocupando el espacio del 10 junto a Hoeness, en una acumulación de talento tremenda ya que Beckenbauer y Overath andan por detrás de ellos. Mientras, Grabowski y Holzenbein se mantienen pegados a la cal, proporcionando alternativas distintas para abrir la lata del equipo contrario.

No es descabellado decir que, el despliegue de fútbol que Breitner realiza en este campeonato, está muy en el estilo del brasileño Junior en 1982 o actualmente Marcelo en el Real Madrid.

RAINER BONHOF #16

 El jugador más joven de los 22 que componían el equipo nacional y, seguramente, el que con su presencia permitió la mayor fluidez en el centro del campo. Como ya habíamos dicho, durante los primeros partidos del torneo, Helmutt Schön optó por Bernd Cullman como su mediocentro. Defensivamente, el equipo era una roca, pero el limitado Cullman no se asociaba de la mejor manera en la base de la jugada ni proporcionaba una salida limpia del balón llegado el caso.

Con la irrupción de Bonhof, la cosa cambia. El jugador del Borussia Moenchengladbach no solo iguala al veterano del Colonia en despliegue físico sino que le supera con creces en manejo de balón. Bonhof se convertirá en el “joker” del equipo, en el chico para todo. Desde su posición de mediocentro específico le vamos a ver operar por delante de la línea de defensa, cubriendo el espacio dejado por Beckenbauer o Schwartzenbeck en sus subidas (ejerce de hombre ancla en fase ofensiva, por detrás del Kaiser y Overath, que son quienes llevan la manija), liberando a Uli Hoeness de preocupaciones defensivas para que pueda ocupar y recorrer con más libertad ese “espacio del 10” sobre el que gira el juego de esta Alemania. Idem ocurre con Berti Vogts cuando este es encargado de un marcaje individual: Bonhof se encarga de cubrir los espacios dejados por el número 2 , y , no contento con ello, se proyecta por la banda derecha como ocurre durante la final (él da el pase del gol de Gerd Müller en una incursión por el ala derecha).


WOLFGANG OVERATH #12


 La gran estrella del Colonia es uno de los hombres capitales del equipo, a nivel futbolístico y a nivel humano. Llegaba a su tercer Mundial  tras unos años de retiro internacional, pero su vuelta hizo menos traumática la caída en desgracia de Netzer. Overath era uno de los hombres de confianza de Helmutt Schön, junto a Beckenbauer y Grabowski (sus tres veteranos de 1966).

El gran Wolfgang, con su número 12 a la espalda, había sido pieza clave del mediocampo alemán en Inglaterra y Mexico, cuando, teóricamente, ese mediocampo estaba formado por dos hombres (algo que no es así, ya que siempre va a haber un Haller o un Seeler que aparezca como tercer hombre). Ese “otro” hombre era Beckenbauer, con quien se entenía a las mil maravillas, como quedará demostrado una vez más en Alemania 74. Ahora ambos se unirán de nuevo en la base de la jugada, controlando el tempo del partido, batiendo líneas con su privilegiada visión de juego y combinándonse para ocupar el mayor espacio posible, ofreciendo todas las alternativas del momento. Si tenemos que quedarnos con una cualidad de Overath, esa es su rango de pase, raramente le veremos fallar un pase o equivocarse en una decisión, y es este entendimiento del fútbol lo que lo hace tan decisivo en este equipo.

Comenzó el Mundial un poco dubitativo, ya que el poco dinámico juego de la RFA no le favorecía, pero con la aparición del “free running” delante suya y a los costados (cortesía de Hoeness, Breitner, Grabowski y Holzenbein),  la figura de Overath se agiganta y el 12 de Colonia se erige como la auténtica torre de control del juego de Alemania. En parte, la asunción del “espacio del 10” como zona de libre utilización viene de la nueva concepción de su rol por parte de Overath, mucho más anclado en el medio campo, tratando de ofrecerse y dar la salida adecuada a cualquier situación en esa zona.

Además, es un jugador sacrificado en fase defensiva, y su trabajo sobre los brillantes Deyna y Van Hanegem/Neeskens formará parte de su excelente hoja de servicios durante esta Copa del Mundo.

ULI HOENESS #14

 Hoeness es la tercera pata de ese joven banco que tan decisivo fue para cambiar la cara a la triste Alemania de inicios de campeonato (Hoeness-Breitner-Bonhof). Como ya hemos descrito a lo largo de este artículo, en casi cualquier cambio, situación o movimiento decisivo de esta Copa del Mundo encontramos el nombre de Uli Hoeness.
Ya había sido parte importante del equipo ganador del Campeonato de Europa en 1972, pero en el 74 su importancia se revela capital.

Hoeness inicia el campeonato del mundo jugando en la banda izquierda del mediocampo que plantea Helmutt Schön, en ciertos momentos casi como delantero o extremo (posiciones en las que no se siente del todo cómodo). Cullman y Overath ocupan el centro de manera perenne, Grabowski la derecha y Hoeness la izquierda, mientras que Heynckes y Müller, dos goleadores consumados, tratan de entenderse arriba.

En este contexto, el fútbol (extremadamente dinámico), de Hoeness se encuentra capado. Debe circular sobre raíles y ello hace que su nivel se resienta y que el equipo lo note. Alemania es desde el comienzo del campeonato un equipo encorsetado y bastante predecible.

Con el cambio de sistema, Hoeness vuelve a la vida. Ocupa la posición de volante junto a Overath y, mientras este suele retrasarse para ocupar la base de la jugada, Hoeness es la quintaesencia del “free running”. Ocupa espacio en la “zona del 10”, se ofrece, galopa con la pelota, permuta con Grabowski y con Flohe o Herzog (no tanto con Holzenbein), enlaza a la perfección con el hasta entonces aislado Gerd Müller, es la unión entre ambas transiciones y, en definitiva, es la dinamo del equipo alemán.

En términos actuales diríamos que Hoeness se mueve libremente a lo largo de la “línea de tres” (en un hipotético 4-2-3-1). Además, su entendimiento con Bonhof nos deja algunas jugadas en las que Hoeness ocupa el rol del jugador del Moenchengladbach, siendo este el que aparece en ataque , creando la confusión entre los rivales (el partido ante Polonia es el mejor ejemplo), y pudiendo ensayar su poderoso disparo a puerta con más libertad.

JURGEN GRABOWSKI #9 y BERND HOLZENBEIN #17

Así, como un solo hombre, vemos a los extremos de esta Alemania 74. Aunque los caminos que siguieron ambos durante el torneo fueron bastante diferentes, su contribución al éxito final fue importante. Los extremos del Eintracht de Frankfurt permitieron con su magnífico juego pegado a la cal, la generación del espacio necesario para que el centro del campo alemán respirase y superase a sus rivales.

Grabowski era ya un veterano curtido en mil batallas en 1974, con dos Copas del Mundo a sus espaldas. Ya no era el jugador extremadamente veloz de antaño (su Mundial del 70 es tremendo pegado a la cal. Recordemos su entrada contra Inglaterra, donde destroza a Terry Cooper y es clave en la remontada germana), pero su capacidad de desborde todavía le mantenían como un jugador útil para el seleccionador. Comenzó el Mundial jugando en mediocampo, ocupando la zona derecha, pero desde ahí su juego se perdía, ya que estaba muy alejado de su único objetivo, que era la línea de fondo. Tan atrás, Grabowski perdía mucha eficacia, ya que tampoco era un jugador brillante en la asociación. Sin embargo, cuando Schön quita a Heynckes y Grabowski vuelve a encontrarse en su hábitat natural, como extremo derecho, el jugador del Eintracht, vuelve a ver la línea de fondo con regularidad, y desborda a sus rivales más por habilidad que por velocidad. Ruud Krol puede dar fe de ello, ya que lo sufrió en sus carnes durante toda la final del Mundial.

Holzenbein era todo lo contrario a Grabowski. Llegaba a su primera Copa del Mundo y le costó hacerse un hueco como titular en el equipo. Pero cuando lo hizo en la segunda fase, se convirtió en capital por su capacidad para abrir el campo, su desborde (tanto hacia adentro como hacia afuera), y su entendimiento con Paul Breitner. Quizá el aspecto más destacado de su juego fuesen esas diagonales izquierda-derecha que le permitían generar incertidumbre en la defensa contraria, manteniendo a su marcador pendiente de él y también manteniendo la atención de uno de los dos centrales, aliviando así a Torpedo Müller.





GERD MÜLLER #13



El goleador por antonomasia  del fútbol europeo de la época. Quizá el menos alemán físicamente de todo el equipo. Müller nunca fue un portento a nivel técnico, además físicamente llamaba la atención por poseer una estructura corporal un tanto peculiar. Tenía piernas cortas, un tronco rechoncho y no era lo suficientemente alto.

Sin embargo, era un futbolista tremendamente inteligente, con un sentido del posicionamiento bárbaro y sobre todo, con olfato.

A pesar de lo que hemos dicho de su técnica, Müller sí dominaba convenientemente el arte del control: siempre era capaz de recibir la pelota y dejarla en posición ideal para su remate. Posición ideal para él, que era capaz de rematar en posiciones anormalmente bajas o desequilibradas, merced a su potente tren inferior y su bajo centro de gravedad. Ello además le permitía realizar giro inverosímiles, capaces de dejar clavado al mejor defensor, y sprintar en distancias cortas con la suficiente intensidad como para llegar una décima de segundo antes que su marcador, meter la pierna y anotarse una nueva muesca a su rifle. Era la inteligencia en el área hecha futbolista.

A este Mundial Müller llegaba en el punto más álgido de su carrera, ya había disputado uno, consagrándose, como ya era habitual para él, máximo goleador del torneo, y también había ganado la Euro 72 con goles decisivos por su parte. Así que en Alemania 74 se espera otro aluvión de goles por parte de “Der Bomber”. No fue ni mucho menos así, ya que los primero encuentros fueron duros para Müller, que no se entendía en el doble 9 con Jupp Heynckes (ambos había jugado juntos en el 72, pero Heynckes jugaba caído en banda), y se veía desasistido sin la figura de Gunther Netzer ocupando el medio campo. Cuando Schön por fin solucionó esto, Müller comenzó su recital, no solo con goles (decisivos sus  tantos a Polonia y Holanda), sino también de movimientos en área, de fijación de centrales, de venir incluso a ocupar en algunos momentos el “espacio del 10” abriendo así espacio para las diagonales de Grabowski y Holzenbein. En definitiva, del Torpedo Müller más completo que se había visto hasta la fecha.

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